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Blog Al Encuentro • 16/10/18

Personas sin hogar: con frío y con calor

Blog Al Encuentro • 16/10/18
Personas sin hogar: con frío y con calor

Durante todo el verano ha estado activa en la ciudad una campaña de atención e intervención social, enmarcada en las horas consideradas críticas debido a las altas temperaturas. Lejos de lo anecdótico del cliché de las altas temperaturas de Sevilla, queremos hacer visible la situación de las personas que están en situación de sinhogarismo durante el verano; ponernos en la piel de los que disfrutan de aire acondicionado solo cuando permanecen en la puerta de algún comercio del centro de la ciudad, no disponen de agua fresca -porque las fuentes públicas no entienden de refrigeración- o lucen moreno sin haber pisado la playa durante todo el verano.

Vivir durante el verano en la calle es mucho más invisible que durante el invierno. La urbe se para durante agosto y todos los que podemos escapamos de ella para disfrutar de un merecido descanso, dejamos atrás las preocupaciones, el estrés y el ritmo de la vida normal. Y también dejamos atrás a las personas que habitan en las calles, como si se tratarán de un elemento urbano más.

Aunque quizás lo más duro de vivir en la calle no sean las inclemencias meteorológicas, sino el sentimiento de soledad, abandono e invisibilidad que se vive desde una acera, el abandono que vive la ciudad durante el verano aumenta la sensación de invisibilidad que sufren estas personas.

Usamos la ciudad, el espacio público, según nos interese -para trabajar, comprar, sociabilizarnos...-, pero debemos tener presente que hay gente que no usa, sino que vive en ese espacio público, y tiene que convivir, obligatoriamente, con nuestro uso, a pesar de que lo usemos de una forma totalmente utilitarista.

Como ejemplo, todos hemos donado ropa alguna vez coincidiendo con un cambio de armario, por lo que donamos ropa de invierno durante el verano y viceversa, aunque, afortunadamente, la cada vez mayor sensibilidad con las diferentes realidades de calle vaya generando mayor conciencia sobre la necesidad de dar lo que se es y no lo que nos sobra.

Las noches de frío nos parecen eternas cuando desde casa pensamos en todos aquellos hermanos que viven en la calle, pero el calor supone quizás un omisión mayor. Ya no, como decíamos, por la falta de dureza del frío, sino por la ignorancia de la dureza del calor, que provoca una menor sensibilidad a las situaciones de sinhogarismo.   

 




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