Al encuentro
Diario, acontecimientos y relatos de inclusión social
Soy voluntario de Cáritas desde hace varios años, y en muchas ocasiones he hablado con amigos, familiares y compañeros de trabajo sobre ello; es frecuente que la opinión de muchas personas respecto a las PSH (personas sin hogar) sea demasiado simplista y que te comenten “el que está en la calle en España es porque quiere…” “Todos los que están en la calle es por culpa de la droga…” “Son unos borrachos que no pueden parar…” y sin duda la explicación a esto es bastante más compleja.
No existen unas causas determinadas que determinen por qué una persona llega a encontrarse en esta situación. Las personas sin hogar no están en la calle porque quieren. Acumulan vivencias traumáticas encadenadas que les hacen perder su estabilidad emocional, sus recursos económicos y su red de apoyo. En muchos casos cuentan con unos ingresos estables, pero ese conjunto de vivencias, o esa falta de red de apoyo, o las circunstancias de salud… les hace imposible la inclusión social plena.
Me gustaría contaros algunos casos, de forma que veamos como los ingresos no son garantía de inclusión social.
S y A se encuentran en situación de calle desde el pasado verano. Una serie de malas decisiones, una estafa en relación al alquiler en el piso donde se iban a mudar, la carencia de ahorros y la inexistente ayuda familiar ha hecho que la situación de calle fuera en ese momento la única salida. S tiene ingresos procedentes de una prestación por incapacidad, pero con esa única prestación no puede realizar el ahorro necesario para acceder a una vivienda (fianzas, inmobiliaria…). S y A no tienen adicciones, tienen mucha ilusión por volver a sentirse parte de la sociedad, pero la calle desahucia las ilusiones y la esperanza.
J tiene ingresos de más de mil euros procedentes de su pensión, pero desde hace más de 6 años está viviendo en la calle. J comenzó a vivir en la calle porque perdió un ser querido y comenzó a beber. Rompió lazos familiares y sociales y tuvo que abandonar su vivienda. Hasta hace muy poco, cuando cobraba su pensión, se lo gastaba rápidamente en alcohol, invitando a conocidos, sin plantearse el más allá, el día siguiente, ni el futuro inmediato y próximo. Ha coincidido en la calle con S y con A, y parece que ha vuelto a ilusionarse, se ve viviendo en una casa, con televisión, viendo el fútbol por las noches. El hecho de volver a tener una relación social estable le ha devuelto la esperanza en mejorar su vida. Alguien se preocupa por él y eso es ser parte de algo más grande.
La primera vez que vi a E no sabía que era una persona sin hogar; iba tremendamente aseado y bien vestido. Es una persona introvertida, lleva muchos años en la calle, tiene problemas de salud mental y por ello percibe una prestación. Gracias a la misma, puede permitirse mantenerse una semana en un hostal, pero el resto del mes lo pasa en la calle, dejando sus pertenencias en una taquilla que recoge por la noche. Una red social estable y un sistema social protector permitiría una mejora en sus condiciones de vida.
M, H y J son una madre y dos hijos que viven en la calle. H y J perciben una pensión por discapacidad, y están buscando un alquiler que les permita ir saliendo de la calle. M podría estar en casa de otros hijos suyos, ya que tiene 7 hijos en total, pero no quiere dejar solos a H y J ya que estos están en una situación de desprotección, y, por otro lado, H y J tampoco quieren dejar sola a su madre. Cuando hablas con ellos te das cuenta de que no es una cuestión económica, ni de entendimiento, sino de falta de protección social que acompañe los cambios necesarios para mejorar la situación.

