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Diario, acontecimientos y relatos de inclusión social
Blog Al Encuentro • 22/09/26

La Cáritas Parroquial de Santa Genoveva elige amar, elige comunidad

Blog Al Encuentro • 22/09/26
La Cáritas Parroquial de Santa Genoveva elige amar, elige comunidad

Cuando se cruza la puerta de la parroquia de Santa Genoveva, en el barrio del Tiro de Línea, uno percibe enseguida la vida que bulle en sus calles. Sin embargo, tras las puertas de muchas viviendas se esconde una realidad silenciosa: la soledad no deseada. Como bien advertía Santa Teresa de Calcuta, «la mayor enfermedad hoy en día no es la lepra ni la tuberculosis, sino el sentirse no querido, no cuidado y abandonado por todos». La soledad se ha convertido en uno de los grandes males de nuestro tiempo, y golpea con especial dureza a nuestros mayores, quienes con frecuencia pasan días enteros sin que nadie pregunte cómo están o escuche sus vivencias.

Frente a esto, en Cáritas parroquial decidimos no mirar hacia otro lado. Empezamos siendo apenas un pequeño puñado de voluntarios; sin prisas, pero con el corazón puesto en cada encuentro, la semilla ha ido germinando y poco a poco el grupo va creciendo. Suele pensarse que para hacer voluntariado hay que disponer de mucho tiempo libre. La realidad cotidiana es muy distinta: a casi todos nosotros nos faltan horas y necesitaríamos jornadas de más de 24 horas para abarcar nuestras obligaciones. Ser voluntario no significa que nos sobre el tiempo, sino decidir conscientemente cómo queremos emplearlo. En un mundo acelerado e individualista, nosotros elegimos no conformarnos: elegimos amar, elegimos comunidad.

Nuestro voluntariado se articula en parejas, visitando una vez por semana, entre una y dos horas, a personas mayores del barrio que atraviesan situaciones de soledad. No llevamos grandes planes prefijados, sino una presencia atenta y gratuita. A veces nuestro acompañamiento consiste en un paseo bajo el sol sevillano o en sentarnos a tomar un café en alguna terraza para conversar con calma. Otras tardes ayudamos a desenredar trámites y gestiones administrativas —a menudo tan farragosas para ellos en plena era digital— o les acompañamos del brazo a una consulta médica para que no afronten la sala de espera sin una mano amiga.

Además de este vínculo semanal continuo, a lo largo del curso organizamos momentos de fiesta y encuentro compartido en fechas entrañables, especialmente en Navidad y al florecer la primavera, creando una verdadera familia donde compartir risas, mesa y recuerdos. Esta cercanía pastoral conecta de lleno con lo que San Juan Pablo II nos recordaba en su Carta a los ancianos, al subrayar que los mayores no son una carga, sino custodios de la memoria y maestros de vida que enriquecen a toda la sociedad. En esa misma línea reflexiva, la doctrina social de la Iglesia —ya desde las enseñanzas fundacionales del Papa León XIII sobre la justicia, la dignidad de la persona y la fraternidad humana, continuadas hoy por la Iglesia universal— nos apremia a reconstruir el tejido social desde la compasión. Así lo recalca también nuestro arzobispo de Sevilla, Monseñor José Ángel Saiz Meneses, al advertir sobre la dureza de la soledad en nuestra diócesis y alentar a las comunidades parroquiales a ser hogares acogedores y samaritanos.

Al despedirnos cada semana, casi siempre nos asalta la misma certeza: damos dos horas, pero recibimos un tesoro de agradecimiento, sabiduría y ternura. En Santa Genoveva no resolvemos todos los problemas del mundo, pero cuando se enciende una sonrisa donde antes reinaba el silencio, comprendemos que sembrar comunidad es el modo más hermoso de hacer presente el Evangelio.




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