Al encuentro
Diario, acontecimientos y relatos de inclusión social
Conozco a Toñi desde hace dos o tres años. Es participante de Centro Amigo y he tenido la suerte de compartir con ella distintos momentos, escucharla y conocer un poco su historia.
En una de esas ocasiones estábamos grabando un reportaje para televisión. Le pedimos que nos enseñara su habitación porque la reportera había pensado hacer la entrevista allí. La había cuidado muchísimo.Todo bien colocado, en perfecto orden. Quería mostrar lo importante que era ese espacio para ella.
Cuando la periodista entró para empezar a grabar, Toñi presumía y no paraba de decir «graba mi habitación, mira qué bonita está, es mía, y mira el baño, grábalo grábalo». Para lo que se había pensado, el baño no tenía demasiado interés. Eso Toñi no lo sabía. Para ella, lo tenía todo. «Mira, mira -insistía- graba aquí que tengo baño propio... mis cremas, mi gel, mi toalla. Mira, mira», y la conducía a él para que no pasara desapercibido.
Finalmente, hablaron junto a su cama y cuando terminó la entrevista, la periodista me comentó sorprendida y esbozando una sonrisa, lo interesada que estaba Toñi en mostrar su baño. Y ahí fue, mientras nos deteníamos en el detalle, cuando caímos en la cuenta de lo que aquel espacio significaba para ella. Ambas terminamos saliendo con un golpe de verdad que acabó emocionándonos.
Tener un baño propio. Un lugar en el que poder cerrar la puerta y mantener intacta su intimidad. Saber que sus cosas seguirán allí cuando salga. Poder ducharse con tranquilidad, dejar sus cremas, su gel y su toalla, arreglarse sin miedo. Sentirse sostenida, acompañada, segura, en paz. Sentirse digna.
Ella misma comprende que estos gestos puedan parecernos una tontería insignificante cuando forman parte de nuestra vida cotidiana, sin embargo, sabe bien lo que supone. Más aún siendo mujer...
Toñi cuenta muchas veces que se ha equivocado, que ha vivido situaciones que nunca habría querido vivir. Dice que un día cayó en una espiral de la que no sabía cómo salir, en un pozo muy oscuro, profundo y vacío.
Hoy está en Centro Amigo porque supo agarrar la mano de quienes reconocieron su dignidad cuando ella ya la creía perdida. De quienes miraron su fragilidad y comprendieron que siempre puede abrirse un camino de esperanza. Un camino que no puede andarse de otra forma que juntos, sosteniéndonos, ayudándonos y acompañándonos.
Cuando le preguntas sobre su futuro, siempre repite el mismo sueño:
«Yo solo quiero estar bien y recuperar la confianza de mi familia para poder volver con ella. Quiero estar con mi madre y con mi hermana. Quiero que vean que sigo aquí, que soy yo, que estoy bien».
Con ese horizonte, cada mañana Toñi se arregla en su baño y comienza su rutina en Centro Amigo. Sigue caminando hacia esa meta, poco a poco, con la tranquilidad de saberse sostenida y acompañada, de sentir que pertenece a un lugar y que no tiene que recorrer sola el camino.
Este año, Toñi protagoniza uno de los vídeos de nuestra campaña de personas sin hogar. En él aparece arreglándose frente al espejo de aquel baño, su baño. Mientras se peina y se mira, cuenta que, después de mucho tiempo, ha comenzado a reconocerse.
Y, al verla, vuelvo a pensar en aquel día y en la ilusión con la que quería enseñarnos sus cremas, su gel, su toalla... su espejo. Quizá aquel gesto ya hablaba de todo esto. De recuperar un espacio propio, de poder volver a cuidarse y mirarse de nuevo sin necesidad de apartar la vista.
No es solo el baño. Ni la habitación. Ni siquiera el techo. Son las personas que habitan ese lugar junto a ella. Las que acompañan y reconocen en sus ojos la posibilidad de salir adelante, incluso cuando ella todavía no alcanza a verla.
Hoy Toñi se mira al espejo y comienza a reconocerse. A ver que sigue siendo ella. Que sigue aquí.

