Gran acogida de la XXIV Escuela de Otoño

Más de 450 voluntarios han participado en el encuentro anual de formación y oración celebrado, en esta ocasión, online.
 

Más de 450 voluntarios han participado en el encuentro anual de formación y oración celebrado, en esta ocasión, online.
 

 
La XXIV Escuela de Otoño se ha celebrado este año de una manera muy especial, ya que debido a la situación provocada por el COVID19 se desarrolló los días 6 y 7 de noviembre de manera on-line bajo el lema ‘Un cielo nuevo y una tierra nueva donde habite la justicia’.
 
La ‘conexión especial’ del viernes día 6 de noviembre comenzó con unas palabras y una pequeña oración de Carlos González, delegado episcopal de Cáritas Diocesana de Sevilla, que sirvieron para introducir y meter en materia a las personas conectadas para vivir la experiencia y recordar a las víctimas de la pandemia y sus familias. 
 
Finalizada su intervención, Nicolás Martínez, jefe del Departamento de Formación y Voluntariado de Cáritas Diocesana de Sevilla, dio la bienvenida como todos los años a “una Escuela que va a calar, que va a dar respuestas desde la sencillez” y agradeció a las más de 450 personas que estaban conectadas, “un número muy similar respecto a si la hubiéramos hecho presencial, lo que demuestra que la estabais esperando”. 
 
Mariano Pérez de Ayala, director de Cáritas Diocesana de Sevilla, se sumó a las palabras de Nicolás, “estas circunstancias excepcionales no van a impedir que la Escuela nos ayude y que afecte en su profundidad” ya que, como recordó, “ante la dificultad debemos apoyarnos en nuestros valores y capacidad de acompañar a las personas más vulnerables, debemos de seguir manteniendo la confianza porque nos acompañamos unos a otros en nuestra tarea de construir el Reino de Dios”. 
 
 
 
La conferencia
 
Bajo el título ‘Una lectura creyente a la crisis del COVID19 desde Cáritas’ el delegado episcopal para Cáritas Española, Vicente Martín, realizó la charla de la Escuela en el Centro Diocesano de Empleo. 
 
Como apuntó, antes de la pandemia del coronavirus, la cohesión social en España estaba dividida en una sociedad de las oportunidades, formada por 32 millones de personas, que sentían tener razón en sus ideas y prácticas cotidianas, consumían sin conciencia y cada vez más practicaban menos empatía y solidaridad; en una sociedad insegura, de la que formaban parte 6 millones de personas, que sentían debilitar sus lazos con la sociedad de las oportunidades pero no se veían estancados, temían que una próxima crisis les precipitara a la exclusión, y tenían un trabajo precario, insuficiente y un futuro incierto; una sociedad estancada, formada por 6,7 millones de personas, que llevaban una década pidiendo abrigo porque se encontraban a la intemperie, desconfiaban de los ‘acomodados’ de la sociedad y de las instituciones, aunque era la que más lo necesitaba; y una sociedad expulsada, formada por 1,8 millones de personas, que vivían en la supervivencia pura y dura, el sistema de protección social ya no pensaba en ellos y habían roto vínculos con el resto de la sociedad porque sentían que ya no se les tenía en cuenta. 
 
La crisis del COVID19 ha dejado al descubierto una estructura social precaria, una desigualdad profunda, una falta de oportunidades para los últimos, una protección social insuficiente y una comunidad debilitada. Ante esto, nos encontramos con que “personas sin hogar, migrantes, refugiados, familias vulnerables, dependientes, reclusos, empleadas del hogar, los países pobres... son víctimas de esta crisis”.
 
Para afrontar el nuevo panorama en el que nos encontramos, y buscar soluciones, el delegado episcopal de Cáritas Española propuso, como destaca el Papa Francisco, “realizar una mirada de fe, corazón afectado y esperanza encarnada”. Para ello, es necesario un cambio social ya que nos encontramos con “un modelo económico agotado, fuente de desigualdades, contaminación y explotación”, que “el COVID 19 ha puesto en jaque el sistema político ya que se manipulan las grandes palabras como democracia, libertad, justicia y unidad”, con que la “catástrofe sanitaria tiene mucho que ver con el deterioro ecológico”, y que hay que “reorganizar el bienestar y los cuidados a través de una distribución más equitativa entre la familia, el Estado y el mercado, incorporando lo comunitario”.
 
Por todo, es el tiempo del compromiso y la esperanza. “Es tiempo de eliminar las desigualdades, de reparar la injusticia que mina de raíz la salud de toda la humanidad; no es el tiempo de la indiferencia, del olvido y la división, sino el tiempo de los cuidados; el Señor nos llama a ‘callejear nuestra fe’, con los anticuerpos de la justicia, la solidaridad y la caridad”.
 
Ante esto, Cáritas tiene una serie de desafíos y retos que enumeró Martín: 
 
- La reconstrucción social pasa, en primer lugar, por reconstruir la interioridad, recuperar aquellos valores evangélicos que nos sostienen y aportan sentido y horizonte de vida: caridad, servicio, fraternidad, comunidad, solidaridad, etcétera.
- Cáritas ha de estar muy cerca de la gente, acompañando sus miedos, compartiéndolos e, incluso, celebrando la vulnerabilidad. El apoyo, en la dirección de la justicia social.
- Promoción de un empleo digno dentro de un modelo de economía solidaria. El gran objetivo debe ser permitir a las personas vulnerables una vida digna a través del trabajo. 
- Incidir en políticas públicas y medidas redistributivas. La caridad política y transformadora busca “generar procesos sociales de fraternidad y justicia para todos”. 
- Mirar el modelo del ‘buen samaritano’, como dice el Papa Francisco, que nos invita a que resurja nuestra vocación de ciudadanos del propio país y del mundo entero, constructores de un nuevo vínculo social”.
- La reconstrucción ha de hacerse desde el paradigma de los cuidados para ir configurando una sociedad cada vez más humanizada.
- Caminar hacia la ecología integral, con la interconexión de todas las realidades, como nuevo paradigma del desarrollo humano.
- Contribuir a la cultura de encuentro a través de la escucha, el diálogo y el respeto, desde “la amistad social”, la hospitalidad y la interculturalidad. No podemos vivir en la ‘cultura del selfie’ que remite al individualismo.
- Impulsar la cooperación fraterna. Incrementar y orientar la colaboración internacional hacia el desarrollo solidario de todos los pueblos, articulando lo global y lo local. 
- Fortalecer la animación comunitaria. El lugar de Cáritas es la comunidad, el espacio de lo común y lo territorial. 
 
En definitiva, para realizar esa lectura creyente que hay que buscar hay que acabar con la ‘C’ del COVID19 que involucra catástrofe humanitaria, crisis sanitaria y económica, crispación social y política, y caos organizativo; y transformarla en la ‘Re-C’, la reconstrucción que tiene que ver con comunidad, ciudadanía, corresponsabilidad, compasión y cuidados. 
 
 

 
El sábado día 7 de noviembre se desarrolló, también de manera on-line, una vigilia de oración en la Capilla de los Estudiantes de Sevilla, que sirvió para despedir esta Escuela tan especial que, aunque diferente, “seguro que servirá de motivación al voluntariado de las Cáritas parroquiales para seguir prestando servicio a las personas más necesitadas”, concluyó Mariano. 
 
La vigilia se desarrolló en un clima de esperanza y alegría, donde se recordaron las palabras dichas por Vicente Martín el día anterior. Además, el voluntariado ‘se hizo presente’, no solo por estar conectados de manera on-line sino en forma de cartel donde se podían ver los rostros de algunos de ellos. Como gesto, se encendió una vela como signo de enviar la luz a las diferentes Cáritas parroquiales, signo que las personas voluntarias que siguieron la vigilia y quisieron realizaron en sus hogares para simbolizar esa unión y voluntad de seguir dando su servicio a las personas más necesitadas.