En estos días de comienzo del Tiempo Pascual, en el Centro Amigo hemos querido ser partícipes de la alegría de la Resurrección de Cristo. Hemos vivido una Semana Santa bastante anómala. No hemos podido vivir las estaciones de penitencia de las hermandades -con las que nos unen lazos especiales, sobre todo con aquellas que están en nuestro entorno más cercano- en nuestras calles. Pero la alegría de la Pascua, la alegría de la Resurrección, sigue siendo la misma alegría que otros años. La esperanza en que otro mundo es posible es el motivo por el que resucitamos cada día, resistimos a pesar de las adversidades y nos transformamos para construirlo.
Hoy aprendí una nueva palabra que me llamó la atención. Y no es una palabra de un comentarista televisivo creativo. Es ya la forma de pensar, la filosofía, que entiende el flujo de información como un valor supremo. Es casi una "religión" que no adora a los dioses: adora los datos.
En estos días de miedo, de incertidumbre, de soledad y bastante dolor, debemos, queremos y tenemos que celebrar la vida.
Estaba entrando en el piso que llamamos "de autonomía” del Proyecto Nazaret, llevando lejía y otras cosas que habitualmente hay en todos lados, pero que estos días escasean y hay que rebuscar en diferentes supermercados.
Iba, esta mañana, caminando hacia Centro Amigo, en la absoluta soledad del Estado del Alarma recién decretado por el gobierno, pensando en qué decir si me paraba un policía y, de repente, me ha invadido la inquietud de todos los derechos que han sido suprimidos para las personas sin hogar de la ciudad. ¿"Abastecimiento asegurado" decían?.
Aparcado en un banco de una descuidada plaza, esperaba Naim que se hiciera de noche. El final del día siempre era difícil.

