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Mantener una mirada inclusiva


Es mi pueblo, es mi barrio, es mi ciudad, porque soy de ahí. Ser parte de algo mayor, el sentido de pertenecia, es un elemento fundamental a la hora de configurar un yo comunitario, que se construye, como es lógico, de forma colectiva.

Los procesos de inclusión tienen sentido hacia un espacio concreto; me incluyo en "algo"; cuando hablamos de inclusión social, se entiende que el proceso de inclusión es hacia la sociedad. De igual forma, la sociedad se configura como un conjunto de elementos materiales, además de las ideas que los definen.


Estos elementos materiales tienen que ver con unos espacios físicos y con personas: tiendas, un centro de salud, vecinos, el cartero... La inclusión social tiene mucho que ver con la convivencia del que se incluye con ese entorno.

Las personas en situación de sin hogar, que no tienen un espacio donde desarrollar esa inclusión social pero que, a veces, viven en centros que se enmarcan en un espacio físico, requieren de ese proceso de convivencia.

Para ello, el diseño de proyectos y programas tiene que tener en cuenta esta dinámica de inclusión, sus elementos, sus riesgos... Este diseño no debe tensionar un medio social más de la cuenta, por ejemplo, reconcentrando sin necesidad recursos asistenciaes en un único vecindario.

Pero, de la misma forma, todos, como sociedad, debemos mantener esa mirada inclusiva que permita que el que está en proceso llegue a su meta, por lo que no pueden ser aceptables manifestaciones, discursos y miradas de aporofobia.

El papa Francisco nos llama a ello: "Es necesario que juntos enfrentemos los discursos populistas de intolerancia, xenofobia, aporofobia". Ponernos en frente de las situaciones donde los más expulsados se vuelven a expulsar es misión fundamental en el trabajo por los excluidos. Ya que, desgraciadamente, estos discursos se viven cada vez en nuestra sociedad.