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«Euráfrica», un destino común


A pesar de lo que solemos pensar, las personas africanas no constituyen en nuestro país el grupo mayoritario de población extranjera. Las personas de origen africano no llegan al tres por ciento de la población migrante. Sin embargo, es el colectivo cuya presencia más se cuestiona.

La cantidad de prejuicios y estereotipos que nos surgen cuando hablamos de personas africanas son innumerables. Cuando el proyecto Nazaret vamos a los institutos, una de las dinámicas que realizamos entre alumnas y alumnos consiste en perdirles que nos escriban en un postit qué es lo primero que se le viene a la cabeza cuando escuchan la palabra «África». Una y otra vez se repiten las mismas ideas: desiertos, leones, negros, pobreza, hambre, enfermedades, guerras... Una ristra de adjetivos, generalmente negativos, que reflejan nuestra imagen general de este continente. Una visión que nos impide descubrir las capacidades y potencialidades de un continente en desarrollo, con aportes con los que vivimos pero que nos cuesta reconocer.

A partir de ahí, a través de Kahoot, realizamos un juego en el que vamos viendo qué conocemos realmente de África, un continente del que, pese a distar apenas catorce kilómetros de nuestras fronteras, no conocemos prácticamente nada. Preguntamos sobre el número de países, de lenguas, la religión, los premios Nobel, las riquezas que nos aporta... Y con el alumnado vamos contrastando lo que desconocemos de los cincuenta y cuatro países que actualmente conforman el continente africano.

Lo importante no es tener más o menos conocimientos de historia o geografía. Lo que nos interesa es ser capaces de descubrir la necesidad que tenemos de conocer algo más de las personas con las que ya, en lo cotidiano, compartimos la vida y los diferentes espacios. Porque a nadie se les escapa que, cada vez más, convivimos con personas de estos países y que nuestra relación se va estrechando. No podemos seguir pensando en África como un continente alejado, cargado de tribus ancestrales y músicas exóticas. África tiene hoy un papel central en el desarrollo del resto del mundo. A menudo lo vemos como un continente cargado de países "en vías de desarrollo", cuando realmente son países que aportan en todos los aspectos al desarrollo del planeta. La invasión de Ucrania y la crisis del gas, nos lo recuerda: ¿quién, si no, es el que aporta más gas y petróleo a nuestro país? Y si hablamos del desarrollo tecnológico, ¿qué sería de la industria digital sin el coltán producido en regiones del Congo? Y a nivel gastronómico, ¿alguien se imagina una vida sin chocolate, sabiendo que los mayores productores de cacao son también africanos? Y a nivel político ¿cuántos premios Nobel de la Paz ha recibido África por sus aportes a los graves conflictos que ha vivido? África no puede seguir siendo el eternamente "otro", diferente y alejado. Estamos obligados a mantener una relación de diálogo, de tú a tú, en condiciones de horizontalidad e igualdad absolutas, porque los destinos, motivados por el devenir de la historia, nos han unido.

Esta relación de respeto debe traducirse en nuestra relación con las personas migrantes de origen africano con las que vivimos en lo cotidiano. Son la oportunidad para conocer la diversidad. Una diversidad que nos enriquece a nivel cultural, gastronómico, deportivo, pero, sobre todo, de valores humanos como el respeto, el concepto de familia y de la amistad, de la alegría, de la capacidad para el trabajo, de la resilencia...

Euráfrica, un destino común, para seguir creciendo desde la propia identidad de cada uno, en condiciones de igualdad, caminando hacia un nosotros cada vez más grande.