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Monseñor Asenjo relata la visita Ad Limina, donde se habló de Cáritas

El arzobispo de Sevilla relata sus impresiones sobre la visita ad Limina Apostolorum, que concluyó el pasado sábado, y su participación en la asamblea plenaria de la Pontificia Comisión para América Latina. En la crónica, monseñor Asenjo describe el contenido de la visita, con "el culmen" del encuentro con el papa Francisco -"la hora y media más corta de mi vida", subraya-, donde, entre otros aspectos de la vida diocesana, los obispos explicaron al Santo Padre el trabajo de las Cáritas parroquiales y diocesanas.


El arzobispo de Sevilla relata sus impresiones sobre la visita ad Limina Apostolorum, que concluyó el pasado sábado, y su participación en la asamblea plenaria de la Pontificia Comisión para América Latina. En la crónica, monseñor Asenjo describe el contenido de la visita, con "el culmen" del encuentro con el papa Francisco -"la hora y media más corta de mi vida", subraya-, donde, entre otros aspectos de la vida diocesana, los obispos explicaron al Santo Padre el trabajo de las Cáritas parroquiales y diocesanas.


 Crónica de la visita Ad Limina

1. Escribo estas impresiones a vuelapluma recién llegado de Roma. Ayer sábado, 8 de marzo, con la visita al Santo Padre Francisco, concluimos la Visita ad Limina Apostolorum los obispos de las Provincias Eclesiásticas de Sevilla y Granada. En su conjunto ha constituido para todos una fuerte experiencia eclesial, con momentos largos de oración y las celebraciones de la Eucaristía junto a la tumba de San Pedro en el Vaticano y de San Pablo en su basílica de la Vía Ostiense. En ambos casos casi hemos tocado con las manos la fe que nos transmitieron los Apóstoles, los depositarios inmediatos de las palabras, los gestos y la doctrina del Maestro. Allí, junto a las tumbas de Pedro y Pablo hemos renovado nuestra fe y hemos dejado que su testimonio de amor al Señor hasta el martirio y su entrega a la evangelización penetrara en nuestros corazones.

2. En estos días hemos vivido muy a lo vivo la catolicidad de la Iglesia, que en mi caso fue más palpable pues en los cuatro días previos a la Visita Ad Limina participé en las Reunión Plenaria de la Pontificia Comisión para América Latina, en mi condición de miembro de este organismo vaticano, por ser Arzobispo de Sevilla, la sede de la que partieron los primeros misioneros y evangelizadores del Nuevo Mundo e iglesia madre de muchas Diócesis latinoamericanas. El tema de nuestra Plenaria fue la emergencia educativa, la transmisión de la fe a las nuevas generaciones en el continente y la pastoral juvenil. Los miembros de este organismo, a los que ya conocía por otras reuniones, somos treinta y dos, entre cardenales, arzobispos y obispos, todos ellos latinoamericanos con mi única excepción.

3. Allí conocí de primera mano la situación de la juventud en América Latina, el trabajo de la Iglesia con los jóvenes, las experiencias en la transmisión de la fe y en la pastoral de jóvenes. Especialmente interesantes fueron para mí las referencias a la pastoral de las vocaciones y a la necesidad de cultivar la vocación política de los jóvenes cristianos. También pude aportar mi visión desde España, el camino que estamos recorriendo en este sector pastoral y las experiencias que yo conozco, especialmente desde la Archidiócesis a la que sirvo o en las Diócesis a las que he servido anteriormente. Particular interés suscitaron las experiencias que yo referí, el SARUS, una de las realidades pastorales más fecundas de nuestra Archidiócesis, el servicio de la Delegación diocesana de Pastoral Juvenil y el Adoremus.

4. En la clausura de esta Plenaria, el 28 de febrero, fuimos recibidos por el Papa, al que pudimos saludar cada uno personalmente. El Santo Padre nos dirigió un discurso centrado en el tema de la Plenaria, insistiendo especialmente en la utopía, es decir en la presentación a los jóvenes de los grandes ideales por los que luchar, sufrir y entregar la vida, teniendo en cuenta que el mayor tesoro que podemos entregar a los jóvenes es Jesucristo, camino, verdad y vida de los hombres, manantial de humanización y única esperanza para el mundo.

5. La Visita propiamente dicha comenzó el día 3 con la audiencia conjunta del Santo Padre a todos los obispos españoles. Del discurso que nos entregó subrayo algunos aspectos fundamentales: su alusión a la cultura secularizada que todo lo envuelve, y a las raíces cristianas de España que debemos seguir cultivando. Aludió también al estilo del obispo-pastor, servidor de todos, desde la ternura y la misericordia; de nuestra cercanía a los sacerdotes, de las dificultades para la transmisión de la fe, que no es una mera herencia cultural, sino un encuentro personal con Jesucristo. Nos indicó algunos acentos hoy prioritarios, la pastoral de la preparación para el matrimonio, el acompañamiento a las familias, de la pastoral de las vocaciones y del cuidado del Seminario. Nos insistió en el amor y en la cercanía eficaz a los pobres, algo que tiene un alto valor evangelizador. Finalmente nos agradeció nuestro servicio al Pueblo de Dios, pidiéndonos que nos pongamos al frente de la renovación espiritual y misionera de nuestras iglesias, pidiéndonos que llevemos a los queridos hijos de España la bendición y un especial saludo del Papa.

6. Después pudimos saludarle cada uno de los obispos españoles personalmente, manifestándole nuestra comunión profunda con su persona y Magisterio y también la comunión de nuestras iglesias. El Papa nos regaló a cada uno un pectoral de plata sobredorada.

7. A lo largo de estos días hemos tenido las visitas a las Congregaciones o Dicasterios de la Santa Sede. Recuerdo con especial agrado la visita a Clero y Seminarios, Obispos y Culto divino, regida por el cardenal español Antonio Cañizares.

8. El culmen de la visita fue ayer sábado la entrevista con el Santo Padre de todos los obispos de las Provincias Eclesiásticas de Sevilla y Granada. Estuvimos con él hora y media, en mi caso, la hora y media más corta de mi vida, sentados en torno a él en semicírculo. Fue un encuentro emocionante, una verdadera gracia actual para cada uno de nosotros. Yo me fijaba en los hermanos obispos y la emoción se reflejaba en sus rostros y en sus ojos. Fue un encuentro lleno de piedad paterno-filial o si se quiere un encuentro fraternal, porque el Papa nos trató con mucha cercanía, sencillez y sin ningún protocolo, como un padre habla con sus hijos o un hermano recibe a sus hermanos. No era difícil sustraerse a la emoción de tener, como yo tenía en el sillón de al lado al Sucesor de Pedro, al Vicario de Jesucristo, al dulce Cristo en la Tierra, como llamara al Papa Santa Catalina de Siena.

9. Todos tuvimos la impresión de que el Papa conocía muy bien la Iglesia que peregrina en España: Hablamos de Andalucía, de la piedad popular, de las Hermandades, que él apreció como camino de vida cristiana, pidiéndonos que las cuidemos y acompañemos. Hablamos también de las circunstancias dramáticas que están viviendo tantas personas, víctimas del paro, que lo han perdido todo, el trabajo, la casa y hasta la esperanza. Le hablamos del servicio admirable que está realizando la Iglesia cerca de los pobres desde la Cáritas diocesana y las Cáritas parroquiales, desde las parroquias, desde las instituciones de los religiosos y religiosas y también desde nuestras Hermandades. Nos pidió que no nos limitemos a dar de comer, que agucemos la imaginación de la caridad para crear trabajo o al menos dar formación a los jóvenes en paro para que puedan reemprender un día su vida laboral, pues nada deshumaniza tanto como el no tener trabajo.

10. Nos pidió también que cuidemos los Seminarios y les brindemos formadores bien preparados. Que queramos y acompañemos a nuestros sacerdotes, a los jóvenes, a los de media edad y, sobre todo, a los ancianos. Nos encareció también que cuidemos la pastoral de la preparación para el matrimonio y que acompañemos cercanamente a los matrimonios en crisis o en especiales dificultades.

11. Nos encareció reiteradamente que no nos quedemos en los despachos y en las sacristías; que salgamos a las periferias y que cultivemos la pastoral de la cercanía a todos, jóvenes y mayores, ancianos y niños, y especialmente a los enfermos. Nos repitió varias veces que la cercanía del obispo y de los sacerdotes a los fieles es como el octavo sacramento, poniéndonos incluso algunos ejemplos de su vida personal.

12. Todos los obispos españoles hemos regresado muy contentos, fortalecidos y confirmados en la fe, acrecentada nuestra esperanza en el futuro de la Iglesia y la evangelización, robustecida también nuestra ilusión y entusiasmo misionero, y fortalecida neutra caridad hacia Dios y hacia nuestros hermanos. Para todos, la Visita ad Limina ha supuesto una verdadera gracia de Dios, que hemos recibido con gratitud. Somos conscientes de que no hemos ido a Roma solos. Nos ha acompañado la plegaria de nuestras iglesias. También nosotros hemos encomendado ante las tumbas de San Pedro y San Pablo a nuestros sacerdotes, consagrados, seminaristas y laicos y hemos pedido al Señor que todos seamos fieles a nuestras raíces cristianas y a la fe que recibimos de los Apóstoles.

Sevilla, 9 de marzo de 2014

+ Juan José Asenjo Pelegrina Arzobispo de Sevilla

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