Luigino Bruni: “Un pobre no dejará de ser pobre mientras no trabaje”

Más de 250 personas participaron el pasado fin de semana en el segundo encuentro diocesano de la Acción Conjunta contra el Paro, celebrado en el salón de actos del Seminario Metropolitano bajo el lema “El amor como fundamento de una economía al servicio de la persona”.

El encuentro, que tuvo como uno de sus ejes de reflexión la "Economía de Comunión", contó con la participación de Luigino Bruni, doctor en Economía y responsable de este proyecto, lanzado por Chiara Lubich a principios de los años 90, que persigue una economía alternativa especialmente preocupada en promover la dimensión social de la empresa y la inclusión de los desempleados en el mundo laboral.


Más de 250 personas participaron el pasado fin de semana en el segundo encuentro diocesano de la Acción Conjunta contra el Paro, celebrado en el salón de actos del Seminario Metropolitano bajo el lema “El amor como fundamento de una economía al servicio de la persona”.

El encuentro, que tuvo como uno de sus ejes de reflexión la "Economía de Comunión", contó con la participación de Luigino Bruni, doctor en Economía y responsable de este proyecto, lanzado por Chiara Lubich a principios de los años 90, que persigue una economía alternativa especialmente preocupada en promover la dimensión social de la empresa y la inclusión de los desempleados en el mundo laboral.



“Quien ama a los pobres tiene que preocuparse por la economía”

En este sentido, durante su intervención la tarde del viernes, Bruni se refirión a las bases de esta propuesta, que ya es palpable en más de mil empresas en todo el mundo. Según este experto, el fundamento de la Economía de Comunión es la "vocación del empresario", "alguien llamado a crear un proyecto pensando en cumplir un sueño propio que implica el bien del otro, no la obtención de riquezas".

Así, Bruni mostró una gran preocupación por la gran pérdida de empresarios que se está dando en muchos países latinos y en el sur de Europa: “Hemos perdido demasiados empresarios porque se han convertido en especuladores. Gente que nació con proyectos terminó mutando para querer ganar dinero. La función principal del empresario debe ser el proyecto, no el dinero”.

Para Bruni, aunque el empresario debe ser innovador y saber convivir con el riesgo, la Economía de Comunión, requiere, además, dos condiciones personales imprescindibles: "sufrir de dolor de estómafo, ver situaciones de de pobreza, sufrir por un mundo equivocado; y sentir el compromiso de reducir la pobreza no sólo dando dinero, sino dando trabajo a los pobres. Porque un pobre, mientras no trabaje, nunca dejará de ser pobre”.

De esta forma, Luigino Bruni finalizó haciendo un llamamiento a todos los cristianos a preocuparse por la economía y alentando a la creación de nuevos empresarios que, movidos por la vocación, colaboren con la situación de desempleo que tanto afecta a la sociedad actual.

Testimonios eclesiales de lucha contra el paro

Durante la mañana del Sábado, los asistentes conocieron formas concretas de Economía de Comunión a través del testimonio de Elena Bravo, empresaria y creadora de un centro de atención diurna para mayores basado en este proyecto económico; en el que se pone como centro a la persona empleada, que es mirada, tenida en cuenta y valorada como tal.

Después de su intervención, Alfonso Alcaide, militante de la HOAC, y José García Caro, consiliario de la HOAC y sacerdote en San Pío X, hablaron sobre los trabajadores excluidos y la espiritualidad del compromiso solidario, respectivamente.

Para finalizar, tomaron la palabra la Delegación diocesana de Migraciones, la HOAC y la CONFER para compartir sus experiencias de lucha contra el paro.

Una vez más, el encuentro diocesano de la Acción conjunta contra el Paro ha sido un espacio de reflexión, oración y llamamiento, a toda la comunidad cristiana y a la sociedad en general, a preocuparse por la situación de precariedad laboral y desempleo que actualmente afecta a más de cuatro millones y medio de personas en España, un millón en Andalucía y casi doscientas cincuenta mil personas en Sevilla. 

Manifiesto final del encuentro

 

 

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