Una crisis que destruye y precariza el empleo

Aprovechando la publicación del Informe de Economía Solidaria, el Equipo de Estudios de Cáritas ha analizado los efectos de la crisis provocada por la pandemia en el ámbito del empleo.


Aprovechando la publicación del Informe de Economía Solidaria, el Equipo de Estudios de Cáritas ha analizado los efectos de la crisis provocada por la pandemia en el ámbito del empleo.


La situación estaría definida por tres grandes factores: la importante destrucción de empleo como resultado de la crisis de la COVID-19, la fuerte exposición de sectores productivos esenciales al contagio y a la precariedad; y las graves dificultades para la integración laboral y social.

Importante destrucción de empleo como resultado de la crisis de la COVID-19

El impacto de esta nueva crisis, en términos de empleo, se podría resumir en una rápida y constante destrucción de empleo, en una seria incertidumbre y en la reducción de ingresos debido a los ERTE que, no obstante, han paliado esa destrucción de puestos de trabajo.

Asimismo, hay un incremento y visibilización de la precariedad estructural e inestabilidad laboral entre quienes entran y salen de un mercado laboral, que antes de la crisis ya era inseguro e intermitente, y que a día de hoy se ha convertido en altamente movedizo dando lugar a trayectorias laborales permanentemente interrumpidas.

Según los datos de la reciente “Encuesta de Población Activa” la destrucción de empleo desde que comenzara esta crisis alcanza ya 527.000 nuevos parados1, aunque la cifra supera los 700.000 nuevos parados según los datos del paro registrado2. Una realidad de desempleo, que sumada a las más de 900.000 personas que a día de hoy se encuentran en situación de ERTE, ha generado que aproximadamente 1,5 millones de personas hayan visto cómo sus ingresos se reducían de manera drástica o total, afectando sus condiciones de vida, sin ignorar la repercusión psicosocial que significa esta realidad.

La destrucción del empleo ha afectado con mucha mayor intensidad a las mujeres, y a los jóvenes, para los que se dificulta, una vez más, el desarrollo de proyectos vitales como puede ser la emancipación y el desarrollo familiar. Por cada hombre que ha perdido su empleo en el último año, lo han perdido 1,4 mujeres. Y de todos los nuevos desempleados, 4 de cada 10 son jóvenes menores de 30 años.

El impacto en términos de empleo ha tenido importantes variaciones según sector de actividad, y es el sector de los servicios el más afectado, tanto por la destrucción de empleo como por los ERTE. En la actualidad, 7 de cada 10 nuevas personas paradas pertenecen al sector de los servicios y especialmente a las actividades de hostelería, ocio y turismo. El impacto ha sido especialmente intenso en estos sectores por las restricciones asociadas al control sanitario de la pandemia, pero con una dimensión más grave y diferencial en el caso de España por un modelo productivo híper-desarrollado y dependiente del sector de los servicios en buena parte del territorio estatal.

Exposición de sectores productivos esenciales al contagio y a la precariedad

Durante todo este año de pandemia y de crisis sanitaria, han sido muchas las personas trabajadoras que han tenido que desarrollar su actividad laboral aún en condiciones de excepcionalidad por desarrollarse en sectores productivos esenciales.

Es el caso del personal de los sectores dedicados a la producción y distribución de alimentos, al reparto (acercando todo lo que comprábamos a la puerta de nuestras casas), del ámbito doméstico y profesionales de los cuidados que no han dejado de ayudar y cuidar a las personas dependientes, y otros tantos profesionales se han visto expuestos al contagio para desarrollar su trabajo, Y ello a pesar de que en la mayoría de las ocasiones se encontraban en situaciones de alta precariedad laboral, como así lo confirma que el 30%3 de los trabajadores de los sectores esenciales de la economía sean trabajadores temporales, lo que duplica la media de los países de la UE, que se sitúa en un 15% de temporalidad en los sectores de actividad esenciales.

Dificultades para la integración laboral y social

En las últimas semanas se habla de los fondos europeos como una oportunidad para transformar la economía de nuestro país y como una palanca que permita mejorar el modelo productivo mediante la potenciación de la economía verde, la cohesión territorial y social y el impulso de acciones más específicas como la digitalización. Con la convicción del impulso que estos fondos pueden generar para la inserción laboral presente y futura, deben recordarse cuatro elementos cruciales para la vida de las personas más vulnerables:

  • El reto para crear empleo inclusivo que realmente permita una vida digna. España parte de un alto nivel de desempleo previo a la crisis y de una dinámica lenta y con capacidad limitada para generar nuevos puestos de trabajo en la dinámica productiva habitual. A esta situación previa habría que añadir las importantes dificultades financieras y organizacionales por parte de los empleadores para afrontar esta crisis multidimensional y generar empleo inclusivo, es decir, un empleo estable y con salarios dignos.
  • El ajuste necesario de recualificación y adaptación al futuro modelo productivo. Las exigencias que conllevará la adaptación de los grupos más vulnerables a un modelo productivo en camino, que aborda una serie de transformaciones de gran calado. Si para las personas que ya están formando parte del mercado de trabajo implica un importante esfuerzo de ajustes, para las personas excluidas del mismo puede suponer el incremento de nuevas exigencias que se suman a las que ya padecen en el contexto actual, aunque algunas representen nuevas oportunidades.
  • La ruptura del contrato social para el desarrollo vital de los jóvenes. El planteamiento de que la precariedad laboral a la que se ven abocadas las personas jóvenes, que han visto cómo se ha roto el contrato social que perfilaba el modelo de emancipación, generará nuevas tasas de vulnerabilidad social al desdibujarse el trabajo como un elemento clave para su integración, sin que aparezcan mecanismos alternativos que sustituyan este vacío.
  • El empleo no es la vía de integración social para todas las personas. Es necesario destacar las dificultades que tienen algunas de las personas con situaciones de exclusión social más graves, para las que la inserción laboral no es una realidad posible en el corto plazo y que, en consecuencia, necesitarán de programas de apoyo y acompañamiento para una integración social que no pase necesariamente por la inserción laboral. 

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