“Dios se revela en la movilidad humana: o la abrazamos o la rechazamos”

Entrevista a Alvar Sánchez, sj

Delegación Diocesana de Migraciones de Nador

Entrevista a Alvar Sánchez, sj

Delegación Diocesana de Migraciones de Nador

Alvar Sánchez es jesuita, con estudios de Educación Infantil, Psicopedagogía y Teología. En su trayectoria profesional y de vida, destaca su trabajo en el Servicio Jesuita a los Refugiados (SJR) en la República Democrática del Congo, Ruanda y Sudán del Sur, destinos en los que estuvo coordinando la intervención educativa en favor de desplazados, refugiados y de la población local. Actualmente es Promotor de Proyectos en la Delegación Diocesana de Migraciones (DDM) de Nador, en Marruecos. El equipo de trabajo en el que está inmerso, coordina diferentes intervenciones en favor de la población más vulnerable en la Región Oriental de Marruecos y con la que Cáritas Diocesana de Sevilla colabora desde 2018 desde Cooperación Fraterna.
 
Alvar, cuéntanos cómo llegaste a Nador y qué misión cumples aquí.
 
Como jesuitas, nos vamos ubicando en aquel ámbito de misión que responde más a esa vocación dentro de nuestra vocación religiosa. Hay quienes sentimos una llamada, quizás más misionera, y por ello responden los destinos de los últimos años al Servicio Jesuita para los Refugiados y, bueno, de alguna forma también he acabado en Marruecos, en esta herida que es la de la Frontera Sur, tratando de ofrecer un acompañamiento a las personas en situación de movilidad, a través de la Delegación Diocesana de Migraciones, con lo cual no estamos en una obra jesuita, sino que estamos al servicio de la Iglesia local, de una diócesis africana. Y bueno, en esta tierra de mayoría musulmana, también tenemos una presencia muy humilde como Iglesia, pero con una ambición muy importante, y con mucho impacto entre las personas que se hallan en situación de movilidad, y cuya situación actualmente es dramática.
 
¿Pensabas encontrarte con esta realidad cuando te destinaron a Nador?

Cuando vi el volumen de personas en movilidad… hubo una especie de contraste. En ese momento yo venía de un lugar donde estábamos presentes en cuatro campos de refugiados en Sudán del Sur, con un total de 145.000 refugiados. Entonces, claro, ser enviado a un lugar donde apenas había 4.000 personas, al principio piensas que va a ser una intervención de otro tipo. En seguida me sentí profundamente impactado por algunos informes y diagnósticos. Quien realizó el diagnóstico con ayuda de otras personas de la ONG, es un compañero jesuita con mucha experiencia en África, y allí él me confesó que, a pesar de haber estado en tantos contextos y tantos lugares duros, nunca había visto tanto sufrimiento como el que había presenciado en estos bosques.
 
En el momento en el que llegué, fallecían una media de seis migrantes al día. Ahora, ese número se ha multiplicado. En 2019, fallecieron poco más de novecientas personas, en 2020 más de 2.100 personas, y el año pasado, 4.404 fallecieron en las rutas de acceso a España, según el colectivo Caminando Fronteras. Muchas de estas personas que antes han estado en Nador, ante la imposibilidad de poder progresar en su ruta migratoria hacia el norte, debido a la militarización y a la externalización de esta frontera que Europa proyecta sobre la costa africana, lo que hacen es buscar una alternativa, y se desplazan hacia el sur del país tratando de salir hacia las Islas Canarias… claro, allí se encuentran con un oleaje increíble, inaudito de un océano. Nada que ver con el oleaje de un mar, y por eso el número de víctimas va creciendo exponencialmente año tras año.
 
¿Cómo describirías la situación actual en la frontera de Nador? ¿Y en Oujda?
 
Dolorosa. La semana pasada hubo un nuevo intento de salto. Fue el cuarto, previamente habían sido tres, dos de ellos multitudinarios. El primero, rompió todos los tristes récords de personas en un mismo intento de cruzar una frontera. Todos estos intentos se han saldado con muchos heridos. Algunos de ellos no responden a los estímulos, algunos de ellos han quedado hemipléjicos... nos resulta muy difícil señalar y juzgar, simplemente lo que hacemos es valorar lo que no debería suceder. Es un desafío que no tenemos resuelto. Actualmente la herida en esta frontera se ensancha y se ahonda, y no estamos a la altura de poderla responder como desearíamos, por lo cual lo que hacemos es acompañarla con los medios que tenemos, que gracias a Dios no son pocos. No son pocos quienes hacen posibles esta intervención humanitaria de la Iglesia en esta frontera. Entonces, desde el agradecimiento y también a veces desde la impotencia, intentamos acompañar a personas que nos cuestionan por su sufrimiento, y sobre todo, por su desprotección.
 
¿Cuál es el trabajo que desempeña la Delegación Diocesana de Migraciones de Nador con las personas migrantes que se encuentran en la ruta migratoria hacia Europa?
 
La Delegación Diocesana de Nador ofrece una intervención con vocación de respuesta integral a las necesidades de las personas que atiende y que realiza a través de distintos equipos de intervención:
- Equipo médico. Atención a las personas heridas y enfermas que necesitan ser derivadas a servicios sanitarios.
- Equipo social. Atención a madres, retornos voluntarios y personas demandantes de asilo.
- Equipo psicosocial. Información y sensibilización en las comunidades en frontera.
- Equipo mujer. Atención a la mujer. Embarazadas y madres.
- Espacio de acogida. Acompañamiento y seguimiento a personas convalecientes.
- Equipo de asesoramiento jurídico.
- Equipo de país de origen. En Senegal, Guinea
- Bissau y Guinea Conakri. Sensibilización, protección y prevención ante los riesgos de la ruta migratoria. Acompañamiento psicosocial a las familias ante la desaparición o muerte de un ser querido. Acompañamiento psicosocial ante el abandono de la ruta migratoria, a familias y los retornados.
 
¿Cómo describirías a las personas que llegan al proyecto, cuál es el perfil mayoritario que atendéis en la frontera?
 
Me atrevería a decir que hay dos perfiles mayoritarios que son mujeres embarazadas y jóvenes heridos. Luego también hay una sensibilización a comunidades que se va haciendo sistemáticamente a propósito de lo que comentábamos antes de los derechos, de la situación en frontera, de las posibilidades en países de destino, de los riesgos de la migración irregular, etc.
 
¿Cómo es el camino, las rutas, hasta llegar a esa frontera, con qué experiencia llegan a vosotros? 
 
A nosotros nos llega de todo. Lo que hemos podido construir a lo largo de los últimos años ha sido un puente de relación y de colaboración muy bonito con la otra frontera, la de Argelia a través de la parroquia de Oujda. Cuando en nuestro hospital de la ciudad derivan a una persona herida de gravedad, la derivan al hospital de la provincia en la diócesis vecina, la de Oujda, que es el hospital universitario. Las personas que vienen desde Oujda han vivido la Ruta Norte y vienen por Argelia. Algunas vienen después de haber sobrevivido al infierno de Libia. Sabemos que al sur de Trípoli, las personas son prácticamente tratadas como objetos, son un comercio...y eso a las puertas de Europa. También recibimos personas que llegan a través de Mauritania por la Ruta del Oeste. Es otro tipo de ruta, porque han tenido que atravesar un desierto. Son diferentes desafíos; siempre decimos lo mismo, sabemos más o menos cuántas personas intentan cruzar el mar y cuántas lo consiguen y cuántas no, pero no tenemos ni idea de cuántas personas intentan atravesar el desierto, cuántas lo consiguen y cuántas no.
 
¿Cuál es la mayor diferencia entre un lado y otro de la frontera? ¿Cómo es ese espacio y esos tiempos previos a cruzar la frontera?
 
Hay diferentes momentos y diferentes realidades. La realidad de la persona que encuentra en Marruecos ese espacio para respirar, para recuperarse de una ruta que ha ido erosionando sus fuerzas. Son personas que se rehacen, incluso personas que encuentran un espacio para su integración, sobre todo en el sur del país. Aquí, en el norte, la respuesta es más humanitaria, no tanto de desarrollo como de emergencia, por lo tanto, hay equipos médicos. Son personas que también encuentran aquí ese trampolín a partir del cual progresar en su ruta migratoria, y eso evidentemente les pone en situación de riesgo, por que es otro colectivo y otro momento del camino. También es un lugar donde no queremos renunciar a poder ofrecer espacios formativos, sobre todo a menores. Aquí hay niños que han interrumpido su escolarización, hay niños que están creciendo sin una estimulación. También está la persona que después de haber puesto en riesgo su vida varias veces, dice: “ya no puedo más, he visto morir a mi gente, no voy a ser yo el siguiente”, y nos pide volver. Luego, el momento vital más duro es el de la persona que ha perdido ya toda referencia y en su desesperación, empieza a perder la cabeza. Cada vez más frecuentemente nos encontramos con un perfil que nos exige dar una respuesta a la salud mental de las personas, algo que en 2018 era prácticamente inexistente, y que por desgracia, en la actualidad es cada vez más habitual.
 
El papa Francisco nos llama a “Acoger, proteger, promover e integrar”... ¿Qué fronteras debemos romper en nuestras comunidades parroquiales?
 
La primera frontera a romper es en nuestro interior y tiene que ver con nuestra conciencia, poder ver el mundo: no entender esta realidad como una amenaza ante una situación en la cual yo me encuentro y que de alguna manera me he trabajado y me he ganado. Nosotros formamos parte del intento desesperado de la otra persona, porque es una de cada siete personas en el mundo la que vive y trabaja fuera del país en la que nació. Eso que posibilita que esta gran familia humana de la aldea global encuentre proyectos vitales para realizar su apuesta vital, eso no es una amenaza para nadie, eso es un derecho que podemos ejercer las personas y que está reconocido, con lo cual, primera frontera, esa: a través de qué ojos miramos esa realidad. Creo que también debemos ponernos otras fronteras, romper fronteras y también trazarnos líneas rojas. Nosotros como sociedades democráticas y estados de derecho, no debemos consentir la criminalización de las personas que escapan de un conflicto, de una represión, de las consecuencias de la degradación ecológica, de los desastres naturales, etc. Creo que eso es un mensaje a compartir y ya, más interiormente, creo que excluir o consentir que se excluya de nuestro círculo al extranjero, tratar de apartarlo, nos condena a un olvido mutuo, y eso tiene consecuencias: limita nuestra humanidad y limita nuestra libertad. Lo que nos hace más libres es poder amar y poder vencer los miedos que nos impiden amar y acoger. Entonces, o somos fermento de una cultura de hospitalidad, de inclusión o de solidaridad, o entonces, ¿qué solidaridad humana, liberadora y hospitalaria estamos viviendo?
 
La movilidad humana es algo inherente a nuestra historia, y últimamente por desgracia, estamos siendo testigos de desplazamientos masivos a causa de la guerra, del hambre, de la pobreza… ¿Crees que se percibe el dolor de forma diferente dependiendo de su procedencia?
 
Qué importante es construir una narrativa que nos ayude a reconocer al otro como persona. ¿Por qué nuestra sociedad se está volcando con la acogida a las víctimas de Ucrania? ¿Y por qué nuestra sociedad se está blindando contra las personas que vienen del conflicto salafista, del cambio climatológico, de una miseria, una hambruna y unos niveles de inseguridad alimenticia altísimos? No vale decir que somos racistas, no es eso. El tema es que hay una narrativa que nos impulsa a obrar de un modo u otro. El lenguaje es el vehículo del pensamiento; si a nosotros nos repiten un cierto discurso, vamos a pensar de una manera determinada, esto es así, y os puedo hablar de tantos titulares que hablan de “asalto”, de “avalancha”, de “ataque” … “viernes negro en la Frontera Sur”, “tantos migrantes han llegado a…”. Pero, ¿qué es eso?, ¿cómo nos atrevemos a criminalizar a personas que vienen sin nada?
 
Convives y trabajas a diario con personas que, probablemente, “mañana” cruzarán la valla o el estrecho para poder construir su propio proyecto vital ¿Cuál es tu experiencia de Dios en medio de todo esto?
 
Es impresionante el testimonio que estas personas expresan, la confianza en Dios, son personas que se ponen en sus manos, y su resiliencia nace de allí. Hay algo que se da en esta frontera, dentro de este caos… que es admirable. Dentro del drama se da la sonrisa, la complicidad, la fe, la ayuda, la solidaridad, el humor… se celebra la vida. La fe y Dios juegan un rol importantísimo en la esperanza de la vida de las personas, y de esa resiliencia, nosotros no sólo somos testigos, sino que nosotros recibimos también el bálsamo y el alimento para continuar en pie. Hay momentos que son muy duros. A nuestro rol de sostén se suma el testimonio de las personas y la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas, que nos impulsa,de derrota en derrota, hasta la victoria final.
 
La iniciativa popular parlamentaria para la modificación de la disposición transitoria sobre derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social, que tiene como objetivo final regularizar de forma extraordinaria la situación de los migrantes irregulares que entraran en España antes del 1 de noviembre de 2021, es un paso para la integración de todas esas personas que ya viven en nuestro país, que han podido llegar por vías y caminos como los que se encuentran en Nador y en Oujda… ¿Qué pasos o iniciativas son importantes tomar antes de que las personas lleguen a España?
 
Creo que es fantástico que una sociedad encuentre los mecanismos administrativos y legales para regularizar a las personas que han llegado y/o que se encuentran en territorio nacional en situación administrativa irregular, es algo de lo cual podemos estar orgullosos, y sobre todo motivar e incentivar; tenemos el ejemplo de otros países mucho más desafiados por la falta de recursos que España, que han acogido y regularizado a un montón de personas. Va a ser para ganar, lo dicen todos los estudios: los refugiados devuelven más de lo que reciben a sus sociedades de destino. En un primer momento,evidentemente, necesitan una ayuda, pero después, todos los estudios lo ponen de manifiesto y lo revelan, merece la pena pronunciarlo y celebrarlo.
 
¿Qué debe hacer la Iglesia al respecto?, ¿debe sumarse a estas iniciativas?, ¿debe iniciar propuestas nuevas?
 
Contribuir al cambio de narrativa es importantísimo,visibilizar las redes de las comunidades de acogida. Hay redes de hospitalidad que son familias que han decidido abrir sus puertas a una persona migrante. Esos espacios de inclusión, de solidaridad, de acogida, de hospitalidad… son los que generan un discurso y una narrativa preciosa que como Iglesia necesitamos visibilizar, compartir y anunciar como buena nueva, porque estas personas lo están diciendo, “hemos recibido más de lo que ofrecimos el día que abrimos nuestra puerta”.
 
A veces llaman la atención las posturas encontradas con respecto a las migraciones dentro de la Iglesia ¿Hacen falta voces dentro de la Iglesia que se pronuncien?
 
Sí, y también explicar lo que sucede. ¿Por qué se producen estos movimientos dentro de la misma iglesia? La movilidad humana encierra un dinamismo teofánico. Dios se pronuncia en la movilidad humana, y ante esa revelación de Dios, o nos lanzamos a abrazarla o nos defendemos de ella. Ojalá con algunas cosas dejásemos de pactar. Y una de ellas es el sacrificio y el sufrimiento de las víctimas. El día que dejemos de pactar con eso tenemos el mundo salvado, y la familia humana salvada. Pero, sin embargo, todavía condenamos el sufrimiento del inocente por nuestro beneficio. Exponernos ante ese sacrificio del inocente, que por amor sacrifica su vida por quienes ha dejado atrás, eso nos transforma, y nos transforma a todos. Y el no querer ser transformado hace que nos defendamos de ello. Nos defendemos de ello con pretextos intelectuales: que si sostenibilidad, que si aquí no caben todos… Pero nos estamos defendiendo de ello por una razón más honda, y es la transformación personal de que algo tan grande que está aconteciendo delante de tus ojos va a producir en ti. El día en que nos dejemos tocar por el sacrificio y el sufrimiento de las víctimas que por amor dan sus vidas, yo creo que ese día vamos a rezar de una manera diferente, y nos vamos a relacionar con Dios de una manera diferente, y también con el hermano, con la hermana, y con nosotros mismos.
 
Las noticias de Ucrania, ¿qué respuestas generan con las personas con las que trabajáis?
 
La verdad es que todos estamos preocupados por el conflicto en Europa y sobre todo por las consecuencias que puede tener. También nos cuestiona el desaparecer del mapa mediático. Lo que sucede en la frontera ha desaparecido, el foco es otro. Por eso es importante conectar ambas cosas, por eso es importante decir: “¡ey!, que lo que está sucediendo en el Mediterráneo, lo que está sucediendo en la frontera con Polonia, y en la misma Ucrania nos está hablando de una misma realidad”.
 
 

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