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Bajo el lema “Iglesia sin fronteras, Madre de todos”, la Delegación Diocesana de Migraciones de Sevilla ha celebrado con diversas acciones la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado el pasado día 18 de enero.
Una de las acciones organizadas por la delegación ha sido la charla-coloquio, celebrada en el Centro Arrupe, para contar, en la experiencia de dos religiosas, la dura realidad de los inmigrantes situados en la frontera, a uno u otro lado de la valla, y cómo la Iglesia está presente en esta realidad. La Hna. Francisca, Hija de la Caridad, trabaja en la Delegación de Migraciones de la Diócesis de Tánger, en la zona de Nador, atendiendo a los inmigrantes que están a la espera de saltar la valla fronteriza con Melilla, sobre todo desde el ámbito sanitario, ya que son frecuentes las múltiples fracturas y heridas que les producen las agresiones de la policía marroquí y los intentos de salto. A su vez, la Hna. Paula, Carmelita de la Caridad Vedruna, atiende a los inmigrantes que logran cruzar la valla por la zona de Ceuta, fundamentalmente en patera, y son acogidos en una sencilla casa que gestiona la Fundación Elin, buscando que el inmigrante se sienta como en casa, en familia y repose como en un oasis (“elin”) en su duro viaje hacia una vida mejor.
En ambas experiencias, la Iglesia trata de dar una respuesta de acogida, de acompañamiento, de comprensión y de lucha por el reconocimiento de los derechos y de la dignidad de cada persona que se ve forzada a salir de su casa y dejar su país para emprender un viaje que le puede costar la vida.
Asimismo, entre los actos organizados, el sábado 17 se celebró en la parroquia de San Felipe Neri una Vigilia de Oración, para orar juntos por todos los hermanos inmigrantes que se dejan la vida en su camino migratorio, recordando especialmente a los 15 inmigrantes muertos hace ahora un año en la playa del Tarajal en Ceuta. Mediante un gesto sencillo, se fueron recordando los nombres de los fallecidos y los de tantos otros cuya identidad se desconoce, para rezar -como nos dice el Papa- “por los que han perdido la vida, hombres, mujeres y niños, por los familiares y por todos los inmigrantes, uniendo nuestros esfuerzos para que no se repitan tragedias similares”.
Por último, el domingo 18 de enero, día de la Jornada Mundial se celebró en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús de Bellavista la Eucaristía que cerraba los actos organizados por la delegación. En ella se contó con el testimonio de tres personas inmigrantes que lograron llegar a España y sentirse acogidos por la comunidad Cristiana. Asimismo se hizo un gesto simbólico de romper una valla, símbolo de todas las fronteras que nos separan de la vida de cada inmigrante, del regalo que el Señor nos hace con cada uno de ellos, sobre todo las fronteras mentales y las de nuestros corazones que cierran las puertas al hermano que llega. Símbolo también de una Iglesia que acoge desde la compasión y la esperanza, desde la participación y la hospitalidad, para abrir nuestra casa y compartir la mesa del pan y de un futuro lleno de oportunidades para todos.
En la Eucaristía participaron también los acogidos, voluntarios y técnicos de nuestro proyecto Nazaret de Cáritas, que prepararon y aportaron las ofrendas.
Es mucho lo que queda por hacer, como dice monseñor Agrelo: “La Iglesia es siempre Iglesia sin fronteras, que se mueve con agilidad en los espacios de la exclusión, de la inequidad, de los crucificados de la Tierra. Y ha de ser siempre Iglesia sin fronteras, madre de todos, amor que a todos se ofrece, ancho y acogedor como el corazón de Dios”.
[Fuente y fotos: Pilar Muruve]
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