Nuestras noticias
Acoger, ayudar, liberar, es misión de las Cáritas Parroquiales, ya que la tarea de que los pobres se sientan queridos y tratados como personas es fundamental, así como también, que se vean como sujetos activos que pueden ofrecer muchos valores a la comunidad que los acoge.
Para ello las Cáritas Parroquiales trabajan en red, en proyectos interparroquiales y en acciones conjuntas con entidades eclesiales y sociales para atender necesidades sociales. Se coordinan y colaboran con los Servicios Sociales municipales, en beneficio de las personas que necesitan ayudas de emergencia y de programas de empleo.
Hay que transformar las causas que generan la pobreza y crear cauces que colaboren a su erradicación en el ámbito en que nos encontramos, y por todo ello las Cáritas Parroquiales participan en las Plataformas Cívicas de entidades sociales que existen en los barrios y pueblos en los que se encuentran.
Como uno de los signos más positivos del mundo contemporáneo está la creciente conciencia de solidaridad de los pobres entre sí, así como sus iniciativas de mutuo apoyo y su afirmación pública en el escenario social, presentando sus derechos frente a la ineficiencia o la corrupción de los poderes públicos. Desde Cáritas el trabajo, no solo para la persona, sino con la persona se basa en la participación de éstos en todas las labores que se realizan. Por ello en las Cáritas Parroquiales existen proyectos para la generación de empleo, microcréditos que permiten la inserción en el mundo laboral y todo ello con la participación directa de las personas atendidas que, además de en reuniones y otros momentos de contacto personal, cuentan con buzones de sugerencias sobre la acogida para expresar de forma anónima sus opiniones sobre la atención en Cáritas, y con ello mejorar la atención del servicio ofrecido.
Las carencias son muchas y escasos los recursos, para ello las parroquias de nuestra Archidiócesis dedican la colecta de los primeros domingos de cada mes a las necesidades que los hermanos más pobres plantean y no solo esto, sino que existen un trabajo conste para recaudar nuevos fondos a través de cenas solidarias, caravanas solidarias, conciertos de coplas, veladas, mercadillos, colaboración con asociaciones de empresarios, etc.
Practicar la justicia y preocuparse de atender a los desposeídos de este mundo, no es asunto público o privado, gubernamental o de voluntariado, confesional o agnóstico. Los pobres, las personas pobres, son un valor de la humanidad que hay que atender y cuidar. Los pobres, hijos predilectos de Dios, son presencia viva de Cristo, nuestro hermano, al que hay que acoger y con amor fraterno.

