Nuestras noticias
Mi cometido es preparar té para el campamento, alrededor de 4.000 litros cada día, y ayudar en cualquier tarea para la que se me requiere porque la situación cambia de un segundo a otro. Para el fin de semana esperamos a 12.000 personas.
Lo más impactante ha sido ver a niños llegando sin zapatos en medio de la lluvia. Una noche fría y lluviosa escuché el llanto de una niña. Tendría cuatro o cinco años. Estaba sin zapatos ni calcetines, cubierta de barro y se ha había perdido. Cuando la lavamos, pudimos ver sus pies llenos de cortes y cicatrices. Esto es lo peor que he visto, aunque finalmente tuvo sus calcetines y sus zapatos y encontró a sus padres.
Otro día llegaron unos padres con un niño parapléjico. Realmente una experiencia triste, aunque me alegré de poder ayudarles durante un kilómetro y medio hasta alcanzar la tienda médica, donde conseguimos una camilla y atención sanitaria.
Los sirios son gente amable y educada. Realmente espero que los refugiados lleguen sanos y salvos a donde quieren ir, pero espero sobre todo puedan volver un día a casa, porque no hay lugar como el hogar ".

