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Nuestra Cáritas • 04/07/24

«Aquellos lugares en los que la dignidad humana pueda estar en juego, son lugares de presencia del compromiso cristiano»

Entrevista a Mariano Pérez de Ayala, director saliente de Cáritas Diocesana de Sevilla.

Nuestra Cáritas • 04/07/24
«Aquellos lugares en los que la dignidad humana pueda estar en juego, son lugares de presencia del compromiso cristiano»

Entrevista a Mariano Pérez de Ayala, director saliente de Cáritas Diocesana de Sevilla.

 [Publicada en Boletín 94]

Texto: Ainhoa Ulla.

  

Mariano ha sido director de Cáritas Diocesana de Sevilla desde 2013. Tras once años al frente de la institución, pasa el relevo para embarcarse en un proyecto en la frontera amazónica.

 

De la abogacía a director de Cáritas Diocesana, has sido parlamentario en la Junta, teniente de alcalde, delegado de Urbanismo, secretario del Patronato de la Fundación Loyola, profesor de la DSI, presidente de Cáritas Regional... ¿te ha quedado algo por hacer a nivel profesional?

Me dediqué 21 años a la política orgánica e institucional que no me planteé inicialmente. Milité en partidos desde la universidad, pero nunca quise dedicarme a nivel profesional y mira, 21 años. Yo creí que mi vida iba a ir en la abogacía y finalmente he podido hacer muchas cosas que además no tenía pensadas. Nunca me ha dado miedo cambiar de actividad y eso me ha permitido hacer muchas cosas, aunque siempre queda algo por hacer. La vida está llena de sorpresas.

Han pasado 11 años desde que entraste por la puerta de los Servicios Generales para asumir la dirección de Cáritas y, desde entonces, hemos vivido la huella de una gran crisis económica, una pandemia que puso en jaque al mundo entero, la guerra de Ucrania... menuda etapa.

La verdad es que me he privado de poco (sonríe). La pandemia fue un reto importantísimo por lo excepcional. Nos descuadró absolutamente. Cáritas es una organización sensible y cercana a los problemas sociales, es verdad que entré con las consecuencias de la crisis de 2008 pero, Cáritas, por esa sensibilidad, sabe responder ante esas situaciones, sin embargo, la pandemia nos pilló a todos desprevenidos. Nadie sabía cómo afrontar la acción. Supuso muchos retos a todos los niveles, laborales, del voluntariado… sobre todo en los momentos más duros como en el confinamiento y justo después. Creo que supimos responder a una situación tan excepcional.

Cáritas es una organización viva y tiene que estar abierta a descubrir cuáles son los mejores caminos en cada momento para desarrollar su labor.

¿Cómo lo viviste tú?

Como una pesadilla. De repente te ves en una situación que no habías pensado. Yo nunca me confiné, venía todos los días a trabajar. Viví con mucha preocupación cómo respondíamos en centros como Nazaret o Centro Amigo, que eran recursos que estaban abiertos, me preocupaba la situación del personal, me preocupaban los residentes, me preocupaba cómo se respondía desde las Cáritas parroquiales a la presión de la demanda que se estaba generando, porque nuestro voluntariado también tenía que permanecer en casa. Sin embargo, se establecieron mecanismos para poder llegar a tantas personas como nuestros medios y posibilidades nos permitieron.

Todo eso lo tuve que vivir además viviendo con 8 personas migrantes, confinadas, porque en ese momento yo vivía en Casa Mambré, y al ser la única persona que salía, era un poco el enlace con el exterior, quien salía a la compra... Fue una etapa muy agotadora física y psíquicamente porque además tampoco pude ver a mis hijos... Recuerdo salir cada mañana a una ciudad desierta, con un silencio grandísimo, en fin, creo que, como todo el mundo, fue como una pesadilla.

A lo largo de estos años, ha habido una apuesta firme por la promoción, el empleo y el cuidado de la Creación. Se ha inaugurado el Centro de Empleo, arrancó la empresa de inserción Bioalverde SL y el proyecto textil.

Cáritas es una organización viva y tiene que estar abierta a descubrir cuáles son los mejores caminos en cada momento para desarrollar su labor. Cáritas no puede limitar su acción a la labor más inmediata, sino que tiene que andar caminos que tienen que ver con la incidencia, con la denuncia, y yo creo que en estos años hemos caminado en esa línea. Y en esa línea seguramente continuaremos porque, a pesar de las diferencias de las Cáritas diocesanas, podemos decir que las grandes líneas de actuación confederal van por ahí.

Cuando entraste ¿tenías expectativas de trabajar en esa clave, te marcaste algún objetivo?

A mí la propuesta de ser director de Cáritas me cogió de sorpresa, no lo esperaba. En ese momento estaba dedicado a la enseñanza universitaria en la Universidad Loyola, un proyecto con el que me siento muy vinculado, y pensé que, quedándome ocho años de vida laboral, mi planteamiento era la plácida vida del profesor universitario, pero me lo propusieron y me pareció que tenía cosas que aportar por mi experiencia y, como no soy de pensarme mucho las cosas, acepté, eso sí, le manifesté a don Juan José que no era una organización que conociera de manera especial. Me incorporé a un tren que estaba ya en marcha y cuando cogí perspectiva vi cosas que funcionaban bien y otras cosas en las que podía aportar algo.

Se ha potenciado el trabajo por la dignificación en el acceso a ciertos derechos...

Una realidad que me encontré al llegar fue la prioridad que la Cáritas de Sevilla le daba a la presencia en el territorio. No todas las Cáritas prestan la atención a la estructura territorial que presta la Cáritas de Sevilla. Creo que es una de las fortalezas que tenemos. Hay una buena implantación con un equipo técnico que hace una extraordinaria labor de acompañamiento a las Cáritas parroquiales muy potente. Desde esos acompañamientos hemos procurado trabajar en clave de derechos, de no olvidar la dimensión promocional de la acción de Cáritas, mejorar todo lo posible la formación de nuestros agentes para que puedan desarrollar su labor con eficacia, eso ha sido una prioridad.

¿Qué papel ha jugado la Confederación en el impulso de esas líneas?

Estamos presente en prácticamente todos los espacios de la Confederación, somos una Cáritas de una diócesis grande, con cerca de dos millones de habitantes y creo que tenemos mucho que aportar. Además, creo que se valora en la Confederación esa aportación.

Eso te da una visión más global, no somos una isla, formamos parte de un entramado más grande, que es universal y creo que cuidar esos lazos es bueno, cuidar la vinculación con una acción que es más grande que la que nosotros podemos desarrollar aquí en Sevilla. También nos da fortaleza estar conectados trabajando en pro de lo mismo. Muchas veces nos pasa que creemos que somos el centro del universo y hay que tener una visión mucho más amplia de la realidad, y cuando uno está en una organización como Cáritas, independientemente de que nuestra referencia más inmediata sea la Cáritas parroquial o la diocesana, nuestra mirada tiene que tener una perspectiva más global.

Los que te conocemos un poco más sabemos que has tenido y tienes una sensibilidad especial hacia las personas migrantes...

Mi apertura hacia el mundo de las migraciones me llegó a través de Inma (su mujer). A mí Inma me ha ayudado muchas veces a aterrizar cuestiones en la realidad. Ella llevaba tiempo trabajando con migrantes y me abrió a esa realidad.

Uno de los retos que siempre tenemos es encarnar el Evangelio en la realidad y cuando hablamos de la opción por los pobres, tenemos que aterrizarlo en la realidad concreta. ¿Quiénes son los rostros de los pobres en los que Dios quiere que yo me haga presente? La realidad de las migraciones tiene mucho de dolor, de sufrimiento, de injusticia... y allí vi que había una llamada a una presencia. Todos aquellos lugares en los que la dignidad humana pueda estar en juego son lugares de presencia del compromiso cristiano, en mi caso con las migraciones, como con otras realidades.

La realidad de las migraciones tiene mucho de dolor, de sufrimiento, de injusticia... y allí vi que había una llamada a una presencia.

Hasta tal punto que, junto a Inma, habéis vivido dos años en la comunidad de hospitalidad Casa Mambré ¿cómo fue la experiencia?

Casa Mambré es un espacio de convivencia con personas migrantes que impulsó nuestra comunidad, la Comunidad de Vida Cristiana (CVX), y en la que Inma tuvo un papel importante cuando se decidió abrir.

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Trasladarnos a vivir allí durante dos años fue una opción personal que hicimos los dos. La verdad es que fue una experiencia muy gratificante, uno siempre recibe más de lo que puede dar.

Allí convivimos, junto a otro compañero de la CVX, con ocho personas migrantes, que se incorporan de repente a tu vida, y tú a las suyas, con las que no tienes ni vínculos de sangre, ni de amistad... el único vínculo de unión que existe en un principio es que empiezas a compartir la vida con ellos y eso es algo que te deja una huella que permanece en tu vida para siempre.

Somos las relaciones que tenemos a lo largo de nuestra vida y una relación tan intensa durante dos años, con personas de una realidad cultural, incluso de edad, tan distintas, te produce una huella muy profunda, más cuando a los cinco meses de convivencia llega una pandemia.

¡Eras muy cocinillas!

Bueno, teníamos perfectamente distribuidas las tareas domésticas, aunque es verdad que me gustaba y ayudaba a los chavales cuando les tocaba el turno de cocina. A veces, cuando no había nadie para acometer ciertas tareas, yo las asumía en el ámbito de la cocina porque no me cuesta trabajo, lo hago con gusto. Y ahora que sigo yendo todos los miércoles, una cosa que hago es la comida, es una manera de seguir presente allí en la casa y de servir.

Siempre he intentado inculcar a los alumnos que tengan un espíritu libre y crítico y que no eludan la realidad y se comprometan con alguna acción.

Tenéis dos hijos ya independizados, ¿cómo han vivido ellos este tipo de opciones, vuestra trayectoria?

Ellos nos han visto siempre implicados en cuestiones que tienen que ver con la realidad que nos rodea. Cuando les dijimos que cerrábamos nuestra casa y nos íbamos a Mambré, yo creo que tampoco les sorprendió mucho.

Nuestros hijos no nos pertenecen y, en ese sentido, hemos querido siempre respetar sus decisiones, aceptando también sus errores... y sabiendo que descubrirán ellos mismos su propio camino en todos los ámbitos, incluido su compromiso como ciudadanos, su compromiso social, su camino de fe. Nosotros lo único que les podemos dar son herramientas, elementos que les ayuden a tomar esos caminos, un ejemplo de vida. Por eso, en cierta manera, ellos se sienten vinculados a nuestras acciones y opciones de vida y eso les hace vivir también estas cosas con mucha naturalidad.

Hablando de los jóvenes, ¿cómo ves tú el relevo generacional en la institución?

Bueno, sobre esto hay mucha mitología, «los jóvenes son así, son de otra manera...» yo creo que nuestros padres decían los mismo de nosotros, y nuestros abuelos dirían lo mismo. Cada generación tiene que descubrir su propio lugar en el mundo, en un mundo con circunstancias sociales y políticas también distintas a las que nosotros hemos vivido y que llaman a un compromiso también distinto. La Cáritas que viva la siguiente generación será una Cáritas distinta que tendrá que dar una respuesta a la realidad con los elementos humanos que en ese momento haya, y hará las cosas de manera distinta a como nosotros las hemos hecho. Yo creo que cada generación descubre su propia acción en el mundo. Desde la enseñanza siempre he intentado inculcar a los alumnos que tengan un espíritu libre y crítico y que no eludan la realidad y se comprometan con alguna acción.

En la toma de este tipo de decisiones, de opciones, además de tu familia, tu fe y tu comunidad habrán jugado un papel importante.

También amigos y amigas que me han ayudado mucho a la hora de tomar determinadas opciones. Evidentemente, como soy una persona creyente, mi fe ha sido muy importante a la hora de tomar decisiones. La fe, si no está conectada con la vida, no es nada más que pura ideología, por eso las decisiones más importantes que he tomado en la vida han estado iluminadas desde mi fe en Jesús, y la comunidad juega un papel importante en los procesos y discernimientos que te llevan a esta toma de decisiones. La fe no se puede vivir de forma aislada, hay que vivirla en comunidad, compartirla con otros.

También te habrán acompañado todo este tiempo en Cáritas, supongo que habrás tenido dificultades que confrontar y discernir.

La verdad es que yo no he sido persona de grandes dramas, aunque en la vida he tenido que afrontar problemas importantes que me han dejado huella y en las que he estado acompañado.

En Cáritas siempre lo he vivido todo con mucha paz, aunque con intensidad, también porque aquí he podido contar siempre con personas, profesionales y voluntarios que me han facilitado mucho la responsabilidad en la Dirección. No recuerdo momentos especialmente malos.

Sí muchos momentos de gozo, imagino.MarianoCentroAmigoweb1

Muchos, especialmente los que tienen que ver con personas que han estado en recursos nuestros y con los que me he encontrado y me han manifestado su agradecimiento. Eso ya te compensa mucho. Me gusta vivir la vida desde el agradecimiento y, cuando te agradecen cosas, no a ti, sino en las que has podido influir en algo, ayuda mucho.

¿Qué balance personal haces de tu paso por Cáritas?

Una sorpresa que no me esperaba. Han sido unos años intensos en los que he recibido más de lo que he podido dar. Para mí Cáritas ha sido un regalo en unas circunstancias en las que pensaba que mi actividad iba a ir por otro lado.

¿Qué Cáritas dejas?

Yo he procurado siempre no entorpecer la labor de Cáritas, que no es poco. Ya el juicio de si dejo una Cáritas mejor o peor lo tendrán que hacer otros.

¿Y ahora qué?

Pues ahora me voy a embarcar en un proyecto que me hace mucha ilusión. Llevo desde los 34 años en puestos de responsabilidad y necesito hacer un trabajo menos vinculado a la gestión. Me voy un tiempo a la Amazonía, en la frontera de Brasil con Colombia y Venezuela con los Equipos Itinerantes, que fue una iniciativa que impulsaron los jesuitas hace 25 años, y que trabajan con las comunidades que están dispersas en el territorio amazónico, por eso son itinerantes, para llegar donde otros no llegan y me voy a ir allí unos meses y si la cosa va bien tendrá más continuidad más adelante, sobre todo si Inma puede, porque la idea es que podamos hacerlo después juntos. Estoy muy ilusionado.




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