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Nuestra Cáritas • 09/01/26

«No hacen faltan grandes acciones, sino escuchar y estar»

Jóvenes de las Pastorales Juvenil  y Universitaria colaboran con Cáritas durante la Navidad
Nuestra Cáritas • 09/01/26
«No hacen faltan grandes acciones, sino escuchar y estar»
Jóvenes de las Pastorales Juvenil  y Universitaria colaboran con Cáritas durante la Navidad

Soy Lucía, tengo 21 años y actualmente estoy estudiando el doble grado de Derecho y Finanzas y Contabilidad en la Universidad Pablo de Olavide. Mi vida de fe la desarrollo en la parroquia de San Agustín de Hipona, en Alcalá de Guadaíra, donde formo parte de la Pastoral Juvenil y de la Hermandad del Rocío.

Antes de esta experiencia no había tenido una relación directa con Cáritas. Conocía su labor de manera general, como una realidad importante dentro de la Iglesia, pero no había tenido la suerte de participar en ninguna de sus iniciativas. Ha sido a través de este acompañamiento a personas mayores como he podido acercarme de una forma más concreta a lo que significa Cáritas: estar cerca de quienes más lo necesitan, desde la cercanía, la escucha y la presencia. Esta primera toma de contacto me ha permitido descubrir una manera muy sencilla y profunda de vivir el compromiso cristiano.

La posibilidad de colaborar en esta labor de acompañamiento surgió a través de mi responsable de la pastoral. Nos propuso participar en una iniciativa de acompañamiento a personas mayores, especialmente en el tiempo de Navidad, y nos explicó que podía ser una experiencia muy bonita y que nos iba a llenar mucho por dentro. Al principio, sin duda, pensé que debía sacar un hueco para poder ir. Me puse en el lugar de esas personas y pensé que, si mis abuelos estuvieran en esa situación de soledad, me gustaría que alguien los acompañara, los escuchara y estuviera con ellos. Esa reflexión fue lo que me animó a dar el paso y a implicarme en esta experiencia.

Nuestra colaboración tuvo lugar en una parroquia del barrio de La Oliva, uno de los barrios más humildes de Sevilla. Allí compartimos una tarde con personas mayores del barrio, organizando una dinámica sencilla pero muy significativa con motivo de la Navidad. La actividad consistía en escribir en una cartulina qué le entregábamos al Niño Jesús por Navidad, como si fuera la paja del pesebre. Cada uno pudo expresar desde el corazón aquello que quería ofrecer: deseos, agradecimientos o intenciones personales.

Después, nos dirigimos a la iglesia, donde cantamos villancicos junto a ellos y entregamos nuestros papeles, creando un momento muy especial de recogimiento y alegría compartida. Más tarde, compartimos una merienda con las personas mayores, un espacio en el que pudimos conversar tranquilamente, reírnos y disfrutar unos de otros. Fue un tiempo de encuentro muy cercano, en el que tanto ellos como nosotros nos sentimos acompañados.

Para finalizar, acompañamos a sus casas a aquellas personas que lo necesitaban, cerrando la jornada con pequeños gestos de cuidado y atención que, aunque sencillos, fueron muy significativos.
Esta experiencia me ha aportado mucho más de lo que esperaba. Sinceramente, me sentí muy llena al comprobar que, con solo un ratito de mi tiempo, podía alegrar a muchas personas. Gestos tan sencillos como escuchar, compartir una conversación o simplemente estar presentes tuvieron un impacto muy grande en ellos, y también en mí.

Me he dado cuenta de lo importante que es dedicar tiempo a quienes lo necesitan, especialmente a las personas mayores, que en muchas ocasiones viven situaciones de soledad. Esta experiencia me ha ayudado a valorar aún más el tiempo compartido y a entender que acompañar no requiere grandes esfuerzos, sino disponibilidad y cercanía.

Después de vivirlo, tengo claro que dedicaría todo el tiempo que fuera necesario a cualquier persona que lo necesite. Ha sido una experiencia que me ha hecho crecer a nivel humano y que me ha confirmado la importancia de estar atentos a las necesidades de los demás, especialmente en momentos tan significativos como la Navidad.

En definitiva, esta experiencia me ha ayudado a descubrir que el acompañamiento es una de las formas más sencillas y profundas de cuidar a los demás. A veces no hacen falta grandes acciones, sino estar, escuchar y compartir tiempo. Volví a casa con el corazón lleno y con la certeza de que estos pequeños gestos pueden cambiar mucho más de lo que imaginamos. Acompañar a estas personas mayores ha sido un regalo, especialmente en un tiempo como la Navidad, y una invitación a seguir viviendo con más atención, cercanía y compromiso hacia quienes más lo necesitan.




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