Transformar la Casa Común que compartimos

La comunidad parroquial de Albaida del Aljarafe vivió el pasado 14 de marzo unos momentos imborrables con la presentación, organizada por la Cáritas parroquial, del proyecto "Compartiendo el viaje" de Cáritas Diocesana de Sevilla y el testimonio de Yaya, un joven de Costa de Marfil.

Tal vez hayamos endurecido nuestros oídos, desviado nuestra mirada y cerrado nuestro corazón para no escuchar, ni ver, ni sentir, y olvidarnos de la cultura del encuentro a la que nos invita el papa Francisco.


La comunidad parroquial de Albaida del Aljarafe vivió el pasado 14 de marzo unos momentos imborrables con la presentación, organizada por la Cáritas parroquial, del proyecto "Compartiendo el viaje" de Cáritas Diocesana de Sevilla y el testimonio de Yaya, un joven de Costa de Marfil.

Tal vez hayamos endurecido nuestros oídos, desviado nuestra mirada y cerrado nuestro corazón para no escuchar, ni ver, ni sentir, y olvidarnos de la cultura del encuentro a la que nos invita el papa Francisco.


José Manuel Mula, con lenguaje directo y pedagogía incitadora, nos mostró la realidad invisible que se nos quiere ocultar; y nos cuestionó nuestro posicionamiento cómodo y conformista, provocando una revolución de conciencia para que sintamos la realidad que están viviendo las personas migrantes.

Urge la necesidad de construir una Iglesia comprometida y participativa, que sienta el grito de la familia humana que se desgarra por mares y tierras.

Yaya, con apenas dos décadas de vida, nos hizo partícipe de su ardua travesía por fronteras inhumanas, por desiertos infinitos, de sus noches negras y sus sueños rotos; de su esperanza sin límites; de su constante e indeleble recuerdo de su madre, de su familia y de su tierra. Provocó con su relato entre jóvenes y mayores el desconcierto inexplicable de estar instalados en una realidad etérea y cómoda.

Después de compartir su hégira, se abrió un diálogo donde se manifestó en cada pregunta el efecto de la interpelación que nos hace esta sangría devastadora en la que se ha convertido la migración. Muchos jóvenes cayeron en la cuenta de la medicina dormidera que recetan los gobiernos para hacernos ver que hacen lo que pueden. Pudimos desmontar tantos mitos y bulos que se van enquistando en nuestro pensamiento como recurso fácil para ubicarnos fuera del problema.

Lo que sí expresaron unánimemente todos los asistentes del encuentro, que fue la mejor catequesis en este tiempo de Cuaresma donde estamos llamados a la conversión, fue la enseñanza de la vida que nos solicita cambiar esta realidad cruel que sufren y padecen a diario estos hermanos nuestros. La penitencia que nos reclama la familia humana es el compromiso de transformar en un mundo mejor y más justo la casa común que compartimos.

Pedro Luis López Fraile.

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