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COVID-19 “Ayúdanos a estar cerca”

 Cáritas Diocesana de Sevilla llama a la solidaridad ciudadana ante el aumento de las demandas de ayuda.

Queda mucho por hacer

El Departamento de Acompañamiento a los Territorios ha intentado permanecer al lado de las personas más vulnerables en los momentos más duros del COVID19, consciente de que queda un largo recorrido todavía. 
 

El Departamento de Acompañamiento a los Territorios ha intentado permanecer al lado de las personas más vulnerables en los momentos más duros del COVID19, consciente de que queda un largo recorrido todavía. 
 

 
Han pasado ya varios meses desde que se decretase el estado de alarma y confinamiento, pasando por diferentes fases de desescalada antes de entrar en la denominada ‘nueva normalidad’ en la que todavía hay que convivir con el COVID19 que parece empeñado en hacerse notar en forma de rebrotes, por lo que las medidas de seguridad y sanitarias tienen que seguir siendo fundamentales en nuestro quehacer diario. 
 
Desde el primer momento, Cáritas Diocesana de Sevilla ha intentado adaptarse a la nueva situación, siempre con el objetivo de estar cerca de las personas más vulnerables, que ha podido quedar de forma más manifiesta en el Departamento de Acompañamiento a los Territorios, Formación y Voluntariado, que desde que se decretase el 16 de marzo el estado de alarma entró en fase de teletrabajo “con presencia en los servicios generales de algunos compañeros y compañeras de forma rotativa para la atención en puerta si alguien venía para preguntar dudas, o asesorar y coordinar con otros departamentos o compañeras que atendían el teléfono para tratar los planteamientos que hacían las personas que llamaban y que no se sabían contestar”, señala Pilar Galindo, responsable técnica del Departamento. 
 
Lo primero que se hizo fue atender a las Cáritas parroquiales para intentar de solucionar las dudas que iban surgiendo sobre cómo atender a las personas en un contexto normativo restrictivo de estado de alarma donde no se permitía el contacto con terceros, y en el que no se podía transitar. De forma novedosa, “hemos tenido que reformular el tema de la acogida para llegar a la población con mayor necesidad de otras maneras distintas a las que veníamos haciendo el trabajo, que era disponer de un día en un salón y atender a las personas y gestionar sus dudas”. Así, se pudo ofrecer asesoramiento, acompañamiento y atenciones telefónicas, poniendo a disposición un teléfono donde poder llamar, además de hacer convenios con comercios de proximidad a las parroquias para poder adquirir productos de primera necesidad (alimentación, higiene y en algunos casos temas de medicamentos). 
 
La coordinación con servicios sociales, conocer cómo estaban actuando y cuál era la fórmula de acceso también fue esencial, además de hacer lo propio con el Servicio de Emergencias 112 para casos muy puntuales de cuestiones que desde el Departamento “entendíamos que teníamos que atender tales como de personas mayores que necesitaban que les acercaran la compra, gestión de algunas donaciones o iniciativas sociales que llegaban y que querían compartir con nosotros”, comenta Pilar.
 
Desbordamiento inicial de llamadas 
 
Las primeras semanas la centralita de los servicios generales de Cáritas se colapsaron. Gente que se veía de la noche a la mañana sin nada, perdía sus trabajos temporales… “por lo que empezamos a atender por teléfono y orientar socialmente para que pudieran acudir a su parroquia, a Cruz Roja o a servicios sociales para que tuvieran cobertura de sus necesidades”. 
Esta situación se extendió aproximadamente hasta Semana Santa. Cuando pasó, siguieron las atenciones telefónicas, pero empezaron a descender este tipo de llamadas, lo que permitió organizar los servicios de las Cáritas parroquiales para ir dando pistas de cómo atender de cara a las fases de desescalada que ya estaban programadas; “empezamos a trabajar sobre cómo atender con medidas de seguridad no solo para el voluntariado sino para la gente que venía que tuviera un servicio de acogida digno”. 
 
De esta manera, se mantuvieron y reforzaron aquellas prácticas puestas en marcha en el tiempo de confinamiento y estado de alarma de acompañamiento telefónico de convenios con comercios que fueron efectivas, además de establecer un sistema de cita previa donde se pudieran tener entrevistas lo más personalizadas posible. Todo esto coordinado con los servicios sociales, con el objetivo de llegar de la manera más efectiva al máximo de población posible. 
 
Ahora se trabaja de forma directa con los párrocos y el voluntariado para ver todo lo que tiene que ver con la organización de la acogida y pautas a seguir, orientando mucho a la accesibilidad de las personas con menores posibilidades a los derechos sociales que le tienen que garantizar, es decir, información sobre la renta mínima de inserción, sobre las ayudas alimentarias que están gestionando desde servicios sociales y las tarjetas monedero que publicó la Junta de Andalucía, y sobre todo informando y trabajando en el ingreso mínimo vital (IMV) para hacerlo llegar y facilitar su gestión. 
 
El departamento se ha ido adaptando a las circunstancias, aunque lo que no se quiere es que la urgencia marque los criterios y la forma de trabajar y atender a las personas que lo necesitan. Es verdad que influye porque hay una alta demanda de necesidades que generan estrés y el impulso de querer llegar a todo, “pero estamos en un momento de pararnos actuando, teniendo ciertas claves de pensamiento y discernimiento para no perder el objetivo principal, que es trabajar para atender a la gente con dignidad, que puedan acceder a lo que le corresponde trabajando de manera coordinada con las instituciones y administraciones”. 
 
Volver a la atención en las parroquias
 
La idea es volver a la atención desde los puntos de las parroquias. Se podrá dejar alguna metodología pero hay que tener claro que hay actuaciones y mecanismos que se han puesto en marcha y que han llegado para quedarse. 
 
“Ya se van retomando las reuniones de organización presenciales y los consejos arciprestales y de vicaría, algunas sesiones de formación de equipo de voluntarios con grupos reducidos… siempre con mucho cuidado y garantizando las medidas de seguridad pertinentes”, destaca Pilar, consciente de que “hay actividades que no se van a poder realizar como campamentos o actividades de verano en los proyectos de infancia y juventud y menores, pero los talleres de mujeres, adultos y mayores estamos estudiando cómo podemos hacerlos y comenzar a retomarlos si hay alguna línea posible”. 
 
Lo que se sigue pretendiendo es favorecer el encuentro y la promoción de las personas que son atendidas o que pertenecen a los diferentes proyectos de Cáritas, por lo que la actuación va más allá de la asistencia directa de material: grupos de encuentro, de formación, talleres laborales, actividades de ocio y tiempo libre para menores, talleres de informática, de animación y convivencia de mayores, de activación cognitiva, actividades culturales… “esta es la parte de acción de nuestras Cáritas y hay que ir dándole una vuelta”.
 
La atención en la actualidad
 
Cáritas Diocesana de Sevilla ahora mismo tiene varias vías abiertas para atender a las personas que lo necesitan: se puede acudir a los servicios generales y desde ahí se le facilita cómo acceder a la atención a su parroquia, ya sea para pedir cita presencial, llamar a un teléfono o escribir a un correo electrónico; en otros casos la persona directamente va a su parroquia y desde allí la orientan. Después de esto hay distintas respuestas, cada una articulando la mejor fórmula que se adecúe a sus posibilidades, pero lo normal es dar una cita previa para valorar su situación y a partir de ahí establecer un plan de intervención con ella que va desde coordinación y derivación con entidades, prestación de servicios de empleo y formación, y las ayudas directas que en muchos casos vienen a cubrir las necesidades básicas o temas de suministros o vivienda que en estos momentos está siendo una de las demandas más solicitadas. 
 
Con todo, se ha demostrado que la caridad no cierra y así se ha intentado, estando de una forma u otra al pie del cañón para dar respuesta a todo lo que ha llegado. Desde marzo hasta mayo se han superado las 1000 llamadas, mil atenciones que han llegado a los servicios generales y que “hemos devuelto a las parroquias, sin contar lo que ha llegado directamente a las Cáritas parroquiales y las personas que ya venían siendo usuarias de nuestros servicios a las que se les ha seguido acompañando”.
 
La comunicación del departamento ha sido constante con las Cáritas parroquiales y los diferentes proyectos. Además, se ha llegado a poner en marcha algún servicio nuevo como la atención a las personas migrantes que carecían de documentos, se ha estado en contacto con las personas voluntarias (para agradecerles, animarles a establecer los servicios, indicarles medidas de seguridad…), o se ha puesto a disposición de las parroquias del Fondo Diocesano por si se veían desprovistas de recursos económicos para atender las demandas que le llegaban (higiene, farmacia y alquiler principalmente). 
 
Claves de futuro
 
Teniendo en cuenta el escenario tan cambiante, cualquier línea de ayuda que se lleve a las parroquias será necesaria pero hay que definir dónde se va a incidir. Hay algunos aspectos clave como “la renovación e incorporación de nuevo voluntariado, queremos reforzar los equipos que se han visto mermados; al ser muchos personas mayores, un porcentaje grande no va a poder seguir estando en primera línea o lo va a tener que hacer de forma diferente; las urgencias no pueden establecer los criterios de atención, hay que hacerla a través de un proceso y promoción de las personas; o que las personas que atendemos tengan acceso a los derechos sociales, que reciban una orientación técnica a través de servicios sociales para que puedan ir solicitando todas las ayudas públicas que se pongan a su disposición”. 
 
Por último, desde el departamento también quieren hacer un reconocimiento a la labor del voluntariado que ha estado presente en el momento más fuerte de la pandemia y que seguirá estando. “Cáritas ha podido –y puede- estar presente por la entrega generosa y desinteresada de tantas personas que han sido capaces de moverse y conmoverse por la realidad de sus propios hermanos”, señala Pilar, consciente de que “aquí ha habido un testimonio muy fuerte de generosidad, disponibilidad y esfuerzo para llegar al mayor número de personas posibles y Cáritas no podía haber llegado si no hubiera sido por el voluntariado”. Además, hay que agradecer a todas las personas y empresas que han decidido donar su tiempo y ponerse a disposición para ayudar, y a las personas socias y donantes que han incrementado económicamente sus aportaciones para que la acción se lleve a cabo. 
 
El COVID19 supone un desafío de cómo afrontar sus consecuencias, donde se está viendo que hay que tener unos servicios de acogida de calidad, poner las nuevas tecnologías en juego para la atención a las personas, y seguir trabajando por salvar la situación, que no se quede nadie atrás que sea una realidad y que se luche para que la gente salga adelante realmente. 
 
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