Nuestra historia

 

  • Años 40 y 50

 

 

 

En 1947, bajo el episcopado de Don Pedro Segura y Sáenz, se constituye en la archidiócesis de Sevilla el precedente institucional de la Obra de Caridad Diocesana, en cuyo marco pastoral se realizarán, entre otros, los grandes proyectos del Congreso Diocesano de Caridad, la Junta de Caridad Diocesana, el Secretariado Diocesano de Caridad, los secretariados parroquiales de caridad, las asambleas diocesanas de caridad, la Tómbola de Caridad Diocesana "Nuestra Señora de los Reyes" y el Patronato del Hogar de Nazaret.

 

En continuidad con los mismos, el 23 de abril de 1955, Don José María Bueno Monreal firma el decreto de erección canónica de Cáritas Diocesana de Sevilla, mediante el que la pastoral diocesana de la caridad queda integrada en las grandes líneas de planificación de la Acción Católica Española.

 

La nueva Cáritas Diocesana de Sevilla contempla entre otras atribuciones la gestión de la Ayuda Social Americana, patrocinada por los Estados Unidos y Catholic Relief Services entre 1954 y 1968. La integración efectiva de la red de distribución de la ayuda americana en Cáritas Diocesana de Sevilla se producirá en 1962.

 

 

  • Años 60

 

 

 

Desde 1960, cuando se realiza en la diócesis la primera gran campaña del Día de la Caridad, Cáritas Diocesana experimenta un importante desarrollo organizativo, que cobra especial ímpetu con la excepcional movilización realizada en atención a las víctimas de la gran riada del Tamarguillo de noviembre de 1961.

 

La década se abre, de este modo, a la institucionalización de Cáritas Diocesana de Sevilla, bajo un clima creciente de reconocimiento social y eclesial. Durante estos años, Cáritas Diocesana establece y desarrolla la estructura organizativa; configura su labor asistencial y las "misiones de promoción colectiva" (infancia, juventud, personas mayores, personas discapacitadas, formación profesional...); organiza los primeros medios permanentes de captación y distribución de recursos; promueve la acción comunicativa y la presencia social; colabora en campañas de solidaridad interdiocesana e internacional; y emprende acciones de gran envergadura en la respuesta a emergencias sociales, entre las que destacará la construcción de las viviendas-refugio de Charco Redondo en 1966.  

 

 

 

  • Años 70 y 80

 

 

 

Desde principios de los años setenta, sumergida en el ambiente de renovación pastoral propiciado por el Concilio Vaticano II, Cáritas Diocesana se abre a nuevos marcos de acción que van sumando significados a su labor asistencial y social: lucha contra el paro y promoción del cooperativismo; animación social y comunitaria (jóvenes, personas mayores, mujeres...); colaboración institucional para la atención de colectivos sociales en situación de exclusión (personas alcohólicas, sin hogar, discapacitadas)...

 

Esta apertura cristaliza durante los años ochenta, bajo el impulso del nuevo episcopado de Don Carlos Amigo Vallejo, en el arranque de un gran proceso de renovación institucional y organizativa. La participación de los colaboradores a través de las asambleas, el ensanchamiento de la implantación territorial, la articulación de la representación de los territorios en los órganos directivos o las primeras acciones formativas orientadas al acompañamiento del voluntariado se anticipan ya durante estos años y se consolidan tras la reforma estatutaria de 1987. También la acción social de corte asistencial y promocional se abre ahora a las narrativas teológicas y pastorales del profetismo y la caridad política, la demanda de justicia social y la defensa de los derechos sociales.

 

Como signo de la profunda transformación social, durante los años ochenta se establecen los primeros programas de colaboración para la acogida de personas inmigrantes.

 

  • Años 90

 

 

 

Las grandes transformaciones socioeconómicas, la consolidación del Estado de Bienestar, la emergencia de las nuevas narrativas sobre el voluntariado o el importante empuje pastoral a la acción caritativa y social constituyen, entre otros, algunos de los factores que impulsan el gran desarrollo institucional y organizativo de los años noventa, cuando se establecen las bases de la Cáritas Diocesana de nuestros días.

 

A la profunda renovación metodológica de la acción social de base, alentada por los primeros equipos territoriales de trabajo social durante los primeros compases de la década, se suma la organización de los nuevos programas sectoriales: mujeres, mayores, infancia, ayuda a domicilio, inserción laboral y formación profesional desde 1990; grave exclusión, VIH/SIDA y salud mental desde 1994; formación básica del voluntariado desde 1992, con la celebración de la primera Escuela de Otoño en 1996. Así también las colaboraciones institucionales: con Sevilla Acoge y otras organizaciones sociales especializadas en el ámbito de la acogida de inmigrantes; en la creación del Proyecto Hombre, en el ámbito de la atención a las drogodependencias; o en la creación de la Fundación Cardenal Spínola de Lucha contra el Paro, primer gran fruto de la colaboración pastoral entre Cáritas Diocesana, los movimientos apostólicos, las hermandades y las organizaciones eclesiales.

 

Como culminación de la década, la archidiócesis celebra en octubre de 1998 el Congreso Diocesano de Caridad y Pobreza.  

 

 

 

  • Nuestros días

 

 

 

 

En 2001, Cáritas Diocesana traslada su sede a las nuevas instalaciones de Triana, desde donde se reorganizan los nuevos "servicios generales", como materialización del importante desarrollo experimentado durante los años anteriores. Al impulso de los equipos territoriales de trabajo social, la formación, la comunicación, los servicios logísticos o los nuevos servicios de información se van sumando los programas sectoriales, que adoptan ya los perfiles metodológicos y organizativos hoy vigentes. En el ámbito de la inserción laboral, se constituyen los primeros servicios de orientación laboral (2001), que dan paso al Centro Integral de Empleo "Jesus del Gran Poder" (2005), precedente directo del actual Centro Diocesano de Empleo. En el ámbito de la grave exclusión, los primeros proyectos de atención a personas afectadas por VIH/SIDA cristalizan en el Centro Amigo (2007); y se constituye el Proyecto Levántate y Anda (2005), de la Cáritas Parroquial de San Vicente Mártir, referente primordial de la atención a personas sin hogar. En el ámbito de la inmigración, el proyecto Al Sur y la casa de acogida Nazaret (2002) se consolidan en el Proyecto Nazaret (2008).

 

Desde 2008, bajo el nuevo episcopado de Don Juan José Asenjo Pelegrina, el desencadenamiento de la crisis económica determina la labor de Cáritas Diocesana, duramente repercutida por el desmesurado y dramático incremento de la presión asistencial. Sin embargo, por sobre las dificultades experimentadas durante este período, la institución se constituye también en receptora de un importante flujo de reconocimiento y solidaridad eclesial y social, a cuyo favor conseguirá la implantanción en la práctica totalidad de la diócesis y un importante incremento y rejuvenecimiento de las bases sociales. El cuidado de la identidad y el encuadramiento eclesial, auspiciado bajo un clima de gran reconocimiento y respaldo pastoral a la labor de la institución, constituyen asimismo rasgos definidos de la etapa.