Al encuentro
Diario, acontecimientos y relatos de inclusión social
Soy de Camerún, parte de África con los demás que vivimos situaciones difíciles. La guerra, la crisis económica que, en varios países del mundo, nos encontramos obligados de salir de nuestros países. En mí caso yo salir por la guerra en mi país zona inglesa de Camerún sin comida, sin medios para vivir me encontré obligado de salir de mi país para buscar donde hay paz (Testimonio)
En 1951, después de la situación devastadora tras la II Gran Guerra, 149 países se comprometieron a ayudar a las personas que por diferentes motivos debían huir de su tierra porque volver a ella significaba ponerse en grave peligro. Y este acuerdo de solidaridad, que marcó un compromiso de humanización ante la barbarie, se ha mantenido vigente hasta el momento.
La barbarie, con nuevas y diferentes formas de expresión, sigue viva en numerosos lugares del mundo. Lugares que habitualmente están “lejos” de nosotros, que no figuran muchas veces en las noticias o diarios, y que por ello nos hacen sentir muchas veces que podemos opinar con frialdad si su situación es suficiente motivo para provocar la salida forzosa de numerosas personas que solo buscan salvar sus vidas.
Las guerras más “cercanas”, como las de Ucrania o Palestina, los conflictos consentidos y apoyados por diferentes países llamados civilizados, las tremendas catástrofes climáticas que se producen cada vez con más virulencia…nos hacen pensar, aunque sea por un momento, que nadie está hoy exento de verse en esa realidad de dolor, y nos hace preguntarnos ¿qué haría yo en una situación así? ¿qué podría hacer? ¿necesitaría que alguien abriera sus puertas para poder sobrevivir? ¿qué tendría que hacer con mis hijos e hijas? ¿Cómo podría rehacer mi futuro en un lugar que no conozco y con una lengua que no entiendo?
No es una empatía imaginaria. Es una verdadera toma de conciencia sobre nuestro lugar en el mundo. Nadie elige donde nacer. Y es fundamental saber que en esta “lotería del nacimiento” muchos y muchas hemos salido ganando, pero la gran mayoría, perdiendo.
En numerosas ocasiones vivimos en una especie de esquizofrenia global: rechazamos la llegada de personas en busca de asilo y refugio a nuestro país, al tiempo que nos dolemos ante las causas que expulsan a esas mismas personas de su tierra natal. Y lamentablemente en muchas ocasiones esto es un continuum, porque, como decía el Papa Francisco “lo ideal sería evitar las migraciones innecesarias y para ello el camino es crear en los países de origen la posibilidad efectiva de vivir y de crecer con dignidad….Pero mientras no haya serios avances en esta línea nos corresponde respetar el derecho de todo ser humano de encontrar un lugar donde pueda no solamente satisfacer sus necesidades básicas y las de su familia, sino también realizarse íntegramente como persona” (FT 129)
Este 20 de junio, día internacional de las personas refugiadas, volvemos a recordar nuestro compromiso para denunciar las causas de explotación y guerra en todas sus formas, para exigir que se cumplan los compromisos para frenar el cambio climático, para condenar la indiferencia y el apoyo a regímenes y gobernantes que están exterminando inocentes y creando un caldo de cultivo de odio en las generaciones afectadas….Pero también nuestro compromiso inquebrantable con la acogida digna y solidaria con aquellas personas que, mientras se resuelven los conflictos, no tienen más salida que la huida en busca de una alternativa para sus vidas y la de sus familias. Ahora más que nunca. No es el tiempo de armarse frente al miedo. Es el tiempo de humanizarse con esperanza.

